Martes, 10 febrero 2009
Música, para qué
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Pedro Gutiérrez Domínguez
Qué lejos
queda aquel número 0 del Crónicas, casi tanto como la concepción griega
que catalogaba la música como la armonía de las esferas y que predicaba
su adiestramiento como capaz de templar el carácter y como filtro y
catalizador de las emociones. Lejos también queda el Cuadrivium y
ahora, en la actualidad, no han sido tampoco asumidas las modernas
corrientes en las que se descubre cómo la música ayuda en el desarrollo
armónico de la personalidad. Se sabe que los efectos de la música
implican a los elementos sensoriales y emocionales y que éstos están
registrados en el cerebro. Rodríguez Delgado explica en su libro La
felicidad” que la percepción de estímulos ópticos, acústicos, táctiles
y sensoriales es totalmente necesaria para la maduración del cerebro y
para el desarrollo de los mecanismos sensores del placer. La privación
sensorial, dice, es altamente perjudicial para el desarrollo neuronal.
La relación social, el respeto a los demás, la observación y
concentración, la disciplina y las normas, la sensibilidad y la
consciencia personal junto a la creatividad y la capacidad que tiene la
música de provocar la emoción, es quizás uno de los elementos que posee
más fuerza a la hora de contemplar la arquitectura motivacional de los
amantes de cualquiera de las artes. Lejos queda Martenot cuando
proclama que la pedagogía del arte es la pedagogía de la felicidad ,
porque simplemente no se comprende la pasión por el arte, el gozo de
descubrir, de sentir, de expresar, porque se confunde la felicidad y el
placer, como indica From en Tener o ser, ya que caminamos hacia una
sociedad de placeres sin alegría” En educación se habla de diversidad,
de multiculturalidad, pero ¿cómo trabajar con la diversidad sin
recursos? ¿cómo acercarnos a los niños más desfavorecidos, sumergidos
en el sufrimiento o el aislamiento desde el discurso racional y lejano?
¿no les llega de forma más directa la fantasía que proporciona el arte:
la música, la plástica, la dramatización, para aproximarnos poco a poco
a ellos? ¿Y la diversidad? ¿Qué puede hacerse con los niños y niñas
recién llegados de otros países, que ignoran el lenguaje, que no
entienden los mensajes de una sociedad que empiezan a descubrir? ¿Para
qué sirve el arte? Para comunicar, para relacionar, para expresar, para
conmover, para abrir canales, para cantar, para bailar, para dibujar,
para aprender, para interpretar, para sentir, para reír junto a los que
no los entienden.
La educación extremeña necesita preparar a los ciudadanos del mañana
para el futuro que les aguarda, siempre diferente e imprevisible. En
una sociedad en crisis, evolución y cambio, tenemos que potenciar las
destrezas físicas, el equilibrio y la armonía personal, así como la
capacidad de relación y convivencia, desarrollando la creatividad y el
pensamiento divergente. Mientras tanto, le deseo al crónicas otras 50
ediciones más alumbrando la historia de nuestra comarca. Salud.