Carnavales
Para cuando tengan este periódico entre sus manos, ya habrán pasado unos días desde que hayamos enterrado a la sardina que en el fondo es casi la única tradición de estos días que sigue intacta. Respeto como se llevan las cosas, pero echando la vista atrás, sin irnos excesivamente en el tiempo, los carnavales de ahora no tienen nada que ver a los que celebrábamos hace un par de décadas.
Recuerdo los primeros carnavales, que creo que coinciden con la recuperación de estos; por entonces vivía en Mérida y no puedo olvidarme de ellos en primer lugar porque fue un año que nevó en toda Extremadura, y hasta ciudades de cota tan baja como las que van al nivel del Guadiana se llenaron de nieve, con lo que tuvimos un doble aliciente, el de la nieve y el de los recuperados carnavales. Desde luego eran otros tiempos, seguramente con el mismo dinero en el bolsillo que el que hemos tenido en estos días, pero con la imaginación y la creatividad por las nubes, no como ahora que las tenemos arrastradas por el suelo.
En realidad, hemos ido copiando absurdos estándares traídos de fuera y se han rechazado tradiciones más cercanas pero con bastante menos márketing de tal forma que en la actualidad el disfraz no se improvisa, se compra y a lucir los Made in China. De esa forma se van perdiendo tradiciones arraigadas como la del Peropalo de Villanueva de la Vera del que cuentan las malas lenguas que tiene las manos escondidas porque tiene el dedo en el c… , los jurramachos que, para mi gusto, son las fiestas que más definen y engrandecen el carnaval o los tiznaos de Santa Cruz de la Sierra, fiestas no tan conocidas y en las que los chicos tiznan la cara a toda chica que se atreve a cruzarse con ellos el día anterior al del entierro de la sardina. Evidentemente el carnaval de ahora tiene también su encanto ya que si que es cierto que agudiza el ingenio en la creación de las parodias de murgas y comparsas con las que en cada ciudad dedican a repasar el año a los políticos de turno.
El mejor disfraz de este año no es el que se han puesto, sino el que le han quitado al cazador sin licencia, al valedor del proletariado que resultó ser más señorito y que no ha aguantado ni al entierro de la sardina de lo que atufaba. Como atufa el disfraz de corrupción que va saliendo en torno al Partido Popular y que por mucho protagonismo que quiera el juez de los jueces, el esquirol Garzón, huele también a entierro de la sardina (esperemos que se entierre pronto). Y es que, mientras que los partidos políticos sigan con listas cerradas, vamos a seguir padeciendo esa lacra de gente infame enganchadas a las sallas de los dos partidos políticos que por democracia impuesta van a estar gobernándonos mientras que la ley de un gabacho siga decidiendo como se recuentan nuestros votos.
Recuerdo los primeros carnavales, que creo que coinciden con la recuperación de estos; por entonces vivía en Mérida y no puedo olvidarme de ellos en primer lugar porque fue un año que nevó en toda Extremadura, y hasta ciudades de cota tan baja como las que van al nivel del Guadiana se llenaron de nieve, con lo que tuvimos un doble aliciente, el de la nieve y el de los recuperados carnavales. Desde luego eran otros tiempos, seguramente con el mismo dinero en el bolsillo que el que hemos tenido en estos días, pero con la imaginación y la creatividad por las nubes, no como ahora que las tenemos arrastradas por el suelo.
En realidad, hemos ido copiando absurdos estándares traídos de fuera y se han rechazado tradiciones más cercanas pero con bastante menos márketing de tal forma que en la actualidad el disfraz no se improvisa, se compra y a lucir los Made in China. De esa forma se van perdiendo tradiciones arraigadas como la del Peropalo de Villanueva de la Vera del que cuentan las malas lenguas que tiene las manos escondidas porque tiene el dedo en el c… , los jurramachos que, para mi gusto, son las fiestas que más definen y engrandecen el carnaval o los tiznaos de Santa Cruz de la Sierra, fiestas no tan conocidas y en las que los chicos tiznan la cara a toda chica que se atreve a cruzarse con ellos el día anterior al del entierro de la sardina. Evidentemente el carnaval de ahora tiene también su encanto ya que si que es cierto que agudiza el ingenio en la creación de las parodias de murgas y comparsas con las que en cada ciudad dedican a repasar el año a los políticos de turno.
El mejor disfraz de este año no es el que se han puesto, sino el que le han quitado al cazador sin licencia, al valedor del proletariado que resultó ser más señorito y que no ha aguantado ni al entierro de la sardina de lo que atufaba. Como atufa el disfraz de corrupción que va saliendo en torno al Partido Popular y que por mucho protagonismo que quiera el juez de los jueces, el esquirol Garzón, huele también a entierro de la sardina (esperemos que se entierre pronto). Y es que, mientras que los partidos políticos sigan con listas cerradas, vamos a seguir padeciendo esa lacra de gente infame enganchadas a las sallas de los dos partidos políticos que por democracia impuesta van a estar gobernándonos mientras que la ley de un gabacho siga decidiendo como se recuentan nuestros votos.



















