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Viernes, 10 de Julio de 2009

El Lazarillo de Tormes

Posiblemente uno de los libros que más me gustó cuando lo leí es el de las aventuras y desventuras de Lázaro de Tormes que, a buen seguro, conoce mucha gente puesto que en el antiguo bachillerato era de lectura obligada en la asignatura de Literatura que teníamos en segundo de BUP. La lectura era muy sencillita, recordemos que pertenece al castellano del siglo XVI y sin embargo se entiende bastante mejor que muchos de los SMS que nos envían nuestros hijos para comunicar (que no pedir) que van a llegar dos horas más tarde. Posiblemente como libro educativo es de gran valor puesto que nos relata como un niño huérfano de padre y entregado por la madre como ayudante de un ciego sobrevive en la miserable España del siglo XVI en la que el hambre y las malas condiciones de vida que existían no permitían una vida fácil. Salvando la distancia de los años, las condiciones en las que yo me crié, no eran de pasar hambre como se pasó en los tiempos de posguerra, pero el Baby boom al que estuvimos abonados los pertenecientes a la generación de los 60 y 70 en la que se compraba la ropa para el hermano mayor y se tiraba raída con el más pequeño, obligaba a nuestras madres a hacer verdaderas obras de ingeniería económica que ya le gustaría conocer a muchos de los sesudos economistas asesores que con 4 masters y 3 MBA no han conseguido ver la que se nos venía encima y pretenden ahora resolver la situación a base de subir impuestos, como socorrida forma de cuadrar caja cuando a nuestros políticos se les ha ido la mano con la “pólvora de rey” que es la que ellos utilizan. Como decía, en aquellos tiempo si bien en mi casa se comía bien (lo de “pasas más hambre que un maestro de escuela” pertenecía a épocas pasadas), el número de hermanos obligaba a tirar de ingenio si querías tener algún dinero extra con el que poder tirar a gusto el fin de semana en los billares siendo tu protagonista y no teniendo que estar de mirón de cómo otro jugaba a las maquinitas. El sistema mío era de lo más primario ya que yo me trabajaba las “materias primas” que era lo que abundaba en casa y podía pasar más desapercibido. Como digo, en casa éramos muchos y se compraba la leche por docenas (ahora son medias) y los huevos por cajas (ahora medias docenas), yo iba poco a poco sisando a mi madre botes de leche y huevos hasta completar cajas y cuando las tenía completas, me ofrecía a mi madre para ir al economato de la policía nacional a por los huevos, y al supervol a por la caja de leche. Solo tenía que subir cuando mi madre se descuidaba a mi escondite y sacar las cajas que había ido completando poco a poco quedándome el dinero que ella daba pensando que su compra era nueva y no del mercado de “segunda mano”. Mi negocio duró bastante hasta que me pilló mi madre y me tuvo bastante tiempo “mirando en los futbolines”. Por eso, si ahora ven que desaparece la leche más rápido que de costumbre, miren por casa que igual se encuentran con alguna sorpresa como la que encontró mi madre.
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