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Martes, 10 de Marzo de 2009

Un producto muy sutil llamado respeto

En una sociedad en desarrollo como la nuestra, el respeto y la vergüenza son un producto pendiente de su fabricación, ya que el ser humano nace sin ello como cualquier homínido.

En la sociedad moderna, transformadora e internacional en la que vivimos, la escasez o la antigüedad del producto originan sentencias judiciales “disparates”, como la condena a la madre por dar una bofetada a su hija sin haber malos tratos anteriormente, o maltratos y palizas de hijos a padres conociéndose sólo la punta del iceberg de este problema social.

El respeto y la vergüenza es un producto pendiente de su fabricación por las autoridades educativas para el funcionamiento de la sociedad en la que nos encontramos, la falta de este producto provoca serias consecuencias siendo algunas irreparables. Es necesaria una reforma educativa, moderna, justa y vanguardista, que acoja a las distintas generaciones que compartimos los tiempos actuales de globalización industrial y cultural.

Nunca antes fue tan necesario prestar tanta atención a la calidad de estos dos productos, de los cuales va a depender la seguridad y la calidad de las futuras generaciones.

Si en el pasado reciente había un exceso de respeto y vergüenza hacia las autoridades, curas, profesores etc., es que algo se estaba haciendo mal y si hoy es todo lo contrario, algo se sigue haciendo seriamente mal.

Recientemente he visitado dos centros de salud, a trescientos km. de distancia el uno del otro, en uno de ellos hay portero y pases limitados y un exceso de ruido en las plantas de enfermos, en el otro centro de salud no hay ni portero, ni pases, ni limitación horaria de visitas, pero no hay ruidos, ni molestias, sorprendido del silencio de este centro, pensé que había pocos enfermos, al día siguiente llamado por mi curiosidad, comprobé que había tantos como en el otro. Estas son las diferencias del comportamiento humano cuando escasean dichos productos.

Quiero pensar que es más lo que nos aleja que lo que nos acerca a los animales en nuestra evolución, ya que estos no asimilan la vergüenza pero si el respeto por temor.

La herencia genética de nuestros antepasados pertenece al carbono, no así al intelecto, siendo este, particular, individual e intransferible. La herencia del intelecto se transmite por medio de las bibliotecas, hemerotecas y universidades.

Nada sabemos de los atlantes, sólo que existieron en algún lugar del atlántico y poco de los mayas y los incas. Mi preocupación y curiosidad me llevan a la búsqueda de saber cómo funcionaron los dos productos en su cultura, por si hubieran sido la causa de su destrucción.

Cita: “La sabiduría es el maná donde se baña la ignorancia”
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