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Viernes, 11 de Febrero de 2011

Obsolescencia programada

Acabo de ver gracias a la televisión a la carta de TVE un documental que me ha sorprendido bastante y que no hace nada más que verificar algo que aunque conocido, no tenía idea que se hiciera con la impunidad con la que se realiza. El programa se llama “Comprar, tirar, comprar” y hace referencia a una práctica que utilizan muchas empresas y que consiste en la reducción de la vida de un producto deliberadamente con la idea de incrementar su consumo y de esta manera los beneficios de la empresa. La idea, aunque pueda parecer nueva tiene ya bastantes años ya que en 1928 una revista de publicidad norteamericana ya indicaba que "un artículo que no se desgasta es una tragedia para los negocios". El documental nos habla de una bombilla existente en un parque de bomberos californiano si mal no recuerdo y que tiene más de 100 años y que continúa funcionando todavía. De hecho, la propia bombilla de Edison (del año 1881) garantizaba una duración de 1500 horas, y sin embargo las actuales no duran más allá de 1000 horas debido a que se las fabrica para que a esa duración se funda. Todo parece ser que comenzó con un pacto de los principales fabricantes de bombillas de Europa y América por el que debían limitar la vida útil de las bombillas a 1000 horas, a pesar de que se conocía la forma de hacer bombillas que duraran 2500 horas. Este cártel se llamó Phoebus y aunque oficialmente nunca existió, supuso el inicio de lo que hoy es conocido con el nombre de obsolescencia programada y que hoy en día como bien podemos observar en los electrodomésticos que nos rodean se aplica para que constantemente estemos tirando a la basura aparatos nuevos a los que se les va alguno de los componentes y que cuando vamos al servicio técnico nos indican que resulta más barato comprar otro nuevo que arreglar el que llevamos todo ello sin cambiar la compostura. La costumbre de usar y tirar a la que como digo se nos invita desde pequeños, no solo tiene un coste económico. Toda la basura de componentes que desechamos, se introduce en países como Ghana, convirtiendo en un basurero electrónico y que es introducido en el país como “material de segunda mano” (encima de mandarles desechos, quedamos a la vista de la sociedad como cooperadores de estos países ya que les enviamos material electrónico de “segunda mano”. Aparte de denunciar, el documental nos habla de que algunos consumidores, cansados de esta programación de caducidad en nuestros aparatos, se están levantando en contra de las empresas que realizan este tipo de acciones, para explicar a los consumidores a través de Internet como solucionar los problemas que cotidianamente presentan los aparatos que nos rodean (el documental habla de un catalán que arregla su impresora simplemente metiendo un software creado por un ruso que anula un chip que es el que hace que la impresora deje de funcionar cuando lleva un número de terminado de copias (reseteando un contador). Particularmente, yo he dejado hace mucho tiempo de actualizar Windows ya que no entendía la razón de que cada vez me fuera más lento sin razón aparente. Eso sí, no estaría de más que la obsolescencia programada se la aplicaran para sí mismos los políticos. Cinco años gobernando, y para casa. Seguro que esa sí que nos beneficiaría y mucho a los sufridos ciudadanos.

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