Viernes, 11 febrero 2011

Cuando te visita la soledad

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Teodoro Gracia Jiménez

Hace unos días leía un artículo que me llamó la atención, y sobre todo, me hizo recapacitar. El artículo hablaba sobre la soledad que sufren las personas mayores en el mayor de los silencios, padeciéndola sin ruido, sin fuerzas... su tremendo vacío, provocado por la sociedad, deben asimilarlo con la mayor resignación, muchas de las personas que sienten en sus huesos la soledad ni siquiera tienen fuerzas para provocar una crisis social, aceptan, desgraciadamente, con dolor ese malestar emocional que produce el sentirse rechazado por el resto de la sociedad.
Debe ser muy duro esperar a alguien y que nunca llegue; llamar a alguien y que nadie esté disponible para atenderte; necesitar a alguien para comunicarse y nunca encuentres a una persona para escucharte. Todas estas sensaciones de vacío va marcando, día a día, a los mayores y un día se dan cuenta que la odiosa soledad ha venido a visitarles.
Existen muchas historias, muchas vidas... cada una con sus problemas, con su situaciones, en algunos casos casi al límite y el resto no nos damos cuenta, o no queremos darnos cuenta, de como lo están padeciendo. Un caso muy claro de ello es precisamente este que estoy tratando hoy, la soledad de los mayores.
Todo ser humano, desde que nace hasta que muere, es un ser social por naturaleza. Necesita a cada momento a los demás para relacionarse, el problema es cuando el anciano o la anciana tiene que permanecer en casa necesariamente, entonces, toda su vida social se derrumba y necesita crearla dentro de su propio espacio, comunicarse para sobrevivir ¡el choque es brutal! Porque con lo que se encuentran es con un tremendo vacío y una sensación de abandono total.
La sociedad nos ha preparado para salir de casa a realizarnos como personas, a desarrollar nuestras iniciativas fuera de nuestro entorno, a buscar en la calle nuestro futuro, pero a la sociedad se le olvidó enseñarnos, seguramente porque no miró dentro de cada casa, y muchas veces para no marginarnos nosotros fuera, marginamos a los que se quedan en ella cuando nos marchamos de casa. Por desgracia, este papel en la mayoría de los casos le toca sufrirlo a los mayores...
No quiero generalizar, seguramente no todos los mayores viven la soledad pero de lo que no hay ninguna duda es que con la persona de edad es con la que la soledad se ceba principalmente y lo realmente serio es que todos lo sabemos y apenas le damos importancia a pesar de su gravedad. Comentaba el artículo que leí los síntomas tan desagradables que produce la soledad, impacto emocional, sensaciones de nerviosismo y angustia, sentimientos de tristeza, marginación social, amargura de ser rechazado… y sobre todo, comprobar como personas activas y vinculadas a todo, han pasado a ser personas olvidadas y aisladas por todos.
Todos somos responsable de la soledad de los mayores, cada uno tenemos algo de culpa porque en realidad, la culpable de todo es la sociedad y todos formamos parte de ella.
(Estar solo no es malo, estar en soledad, sí. Porque la soledad es no tener a alguien que comparta tus sentimientos)

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