Con la que está cayendo
Ya solo hace falta que se apruebe una ley que nos prohíba dormir tumbados. El análisis del primer mes tras la ley antitabaco es demoledor; bares y restaurantes vacíos, gente en las puertas de dichos locales echando humo como si de un velatorio se tratara, etc... Y que no me digan lo contrario porque es que lo veo y lo que cualquiera puede ver –sería engañarse, pero a eso ya estamos acostumbrados ¿no?- . A nivel personal me ha hecho cambiar radicalmente mis hábitos mañaneros y ahora disfruto de mi primer café y demás abluciones en casa todas las mañanas (cosa saludable por cierto). El caso es que lo que más me chirría de esta ley es su hipócrita sentido de la utilidad. Fumar es malo, eso es indiscutible, pero también son malos los tubos de escape del transporte público, las chimeneas de las fábricas, etc... Y siendo tan malo ¿por qué el abanico de sitios donde se puede vender tabaco desde el día 2 de enero ha aumentado?. Se vuelve a comprar tabaco en gasolineras y en las tiendas de “los chuches” que diría Rajoy. Esto último es espeluznante puesto que si lo que queremos es que la gente no fume debería impedirse que los niños y niñas pasando por la obligatoria edad del pavo cambien “los chuches” por el paquete de rubio americano que se exhibe al lado de las gominolas. ¿Cuántos de nosotros nos hemos enganchado al tabaco de esa forma?. La clave está en el negociazo que supone para el Estado en impuestos. Personalmente recuerdo perfectamente el olor a tabaco rubio en mi casa cuando era un macaco y cómo me inicié en el mundo del humo un día que fui a comprar unos tigretones con unos amigos. Pues eso, que la hipocresía está totalmente demostrada. Entiendo que la ley debería haber ido por otros derroteros; dejar al público que elija el sitio al que quiere entrar, que existiesen bares de fumadores y de no fumadores porque como se preguntaba el otro día alguien al ver un bar alarmantemente vacío: “¿dónde están los no fumadores? Porque el bar está vacío; sin fumadores y sin no fumadores”. Es tristísimo que con la que está cayendo, además de privarnos a los que no tenemos otros lujos del placer de fumarnos unos cigarros con un café y una buena conversación se pongan en peligro tanto los puestos de trabajo de los camareros como los bares y restaurantes en sí –el autónomo otra vez puteado-. Ahora bien, la máquina de tabaco funcionando en todos los sitios en los que está prohibido fumar. En fin, no sé dónde vamos a acabar; no a los chiringuitos, no a los toros, no al tabaco... pronto no al dormir tumbado. Alucino con “la Pajín”, “la Sinde” y la madre que los parió tres veces. ¿La canción? Muy sencillo “Smoke on The Water” de los Purple.
Ya solo hace falta que se apruebe una ley que nos prohíba dormir tumbados. El análisis del primer mes tras la ley antitabaco es demoledor; bares y restaurantes vacíos, gente en las puertas de dichos locales echando humo como si de un velatorio se tratara, etc... Y que no me digan lo contrario porque es que lo veo y lo que cualquiera puede ver –sería engañarse, pero a eso ya estamos acostumbrados ¿no?- . A nivel personal me ha hecho cambiar radicalmente mis hábitos mañaneros y ahora disfruto de mi primer café y demás abluciones en casa todas las mañanas (cosa saludable por cierto). El caso es que lo que más me chirría de esta ley es su hipócrita sentido de la utilidad. Fumar es malo, eso es indiscutible, pero también son malos los tubos de escape del transporte público, las chimeneas de las fábricas, etc... Y siendo tan malo ¿por qué el abanico de sitios donde se puede vender tabaco desde el día 2 de enero ha aumentado?. Se vuelve a comprar tabaco en gasolineras y en las tiendas de “los chuches” que diría Rajoy. Esto último es espeluznante puesto que si lo que queremos es que la gente no fume debería impedirse que los niños y niñas pasando por la obligatoria edad del pavo cambien “los chuches” por el paquete de rubio americano que se exhibe al lado de las gominolas. ¿Cuántos de nosotros nos hemos enganchado al tabaco de esa forma?. La clave está en el negociazo que supone para el Estado en impuestos. Personalmente recuerdo perfectamente el olor a tabaco rubio en mi casa cuando era un macaco y cómo me inicié en el mundo del humo un día que fui a comprar unos tigretones con unos amigos. Pues eso, que la hipocresía está totalmente demostrada. Entiendo que la ley debería haber ido por otros derroteros; dejar al público que elija el sitio al que quiere entrar, que existiesen bares de fumadores y de no fumadores porque como se preguntaba el otro día alguien al ver un bar alarmantemente vacío: “¿dónde están los no fumadores? Porque el bar está vacío; sin fumadores y sin no fumadores”. Es tristísimo que con la que está cayendo, además de privarnos a los que no tenemos otros lujos del placer de fumarnos unos cigarros con un café y una buena conversación se pongan en peligro tanto los puestos de trabajo de los camareros como los bares y restaurantes en sí –el autónomo otra vez puteado-. Ahora bien, la máquina de tabaco funcionando en todos los sitios en los que está prohibido fumar. En fin, no sé dónde vamos a acabar; no a los chiringuitos, no a los toros, no al tabaco... pronto no al dormir tumbado. Alucino con “la Pajín”, “la Sinde” y la madre que los parió tres veces. ¿La canción? Muy sencillo “Smoke on The Water” de los Purple.



















