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Miércoles, 04 de Noviembre de 2009

Concede a tu corazón el hábito de la tolerancia

“Dios creo la sociedad porque es más fácil soportar a los demás que a uno mismo”…y es que somos tremendamente insoportables. Nos gusta flotar por la vulgaridad de lo normal, por una sociedad que tiende a etiquetarlo todo y que intenta ignorar que aunque todos somos iguales, los hay diferentes. Y estas diferencias, la mayoría de las veces, se traen marcadas con fuego al nacer, por eso no entiendo, ni entenderé nunca, el rechazo de la sociedad hacía aquellos que ni piensan ni son como la mayoría.

Me sorprendió, me emocionó y me dolió mucho la reflexión que la compañía Falsaria de Indias hacía sobre el dolor del diferente en su obra: “Por el ojo de la cerradura”, haciendo un claro llamamiento al respeto hablando de tolerancia, de lo difícil que es ser distintos en una sociedad que no quiere a los diferentes. 

Leer a Llanos Campos, autora de esta obra, me ha hecho reflexionar, por la crudeza y realidad de sus palabras: “Muchas veces, a base de repetirle a los niños que son unos monstruos, los convertimos en ellos” y más tarde argumenta el sentido de la obra cuando explica como surgió la idea de escribirla, -dice- que fue a raíz de ver un documental sobre aquellos jóvenes que entraron en un instituto de Estados Unidos y mataron a compañeros y profesores: «Nadie dijo que estos chavales llevaban años recibiendo insultos; les decían maricones, bichos raros, mataos. Llegué a la conclusión de que vamos sembrando cosas que luego recoge la sociedad».

Duras palabras, cruda reflexión, argumento casi insostenible,… sobre todo porque me da mucho miedo analizar, porque… ¿quién se pone alguna vez en la piel del diferente?... en su soledad, en sus continuos rechazos, en su falta de ternura y cariño, en sus desprecios constantes, en las burlas que padecen y sobre todo, en lo que engloba todo esto: su dolor. 
Nunca damos oportunidad al diferente, nunca concedemos ni tan siquiera el beneficio de la duda, es mucho más fácil y cómodo ignorar, esto por supuesto, en el mejor de los casos, porque habitualmente, cuando tenemos frente a frente a un ser de los que la sociedad llama “diferente”, solo se nos ocurre conjugar, contra él, el verbo dañar.

Hay una frase certera que me gustaría que todos memoricemos para que nos acompañe siempre: “Concede a tu espíritu el hábito de la duda, y a tu corazón, el de la tolerancia”. Si todos fuésemos por la vida con el respeto como bandera otro gallo nos cantaría pero nos ha tocado vivir en un mundo absurdo en el que parece que solo hay dos grupos de personas, los que pisan y los pisoteados… ¡que triste!.

Seguramente cuando veíamos la obra, cuando la sufríamos, nos dimos cuenta del daño que hacemos a otras personas simplemente por arrancar alguna sonrisa a algún “capullo” de los que nos acompañan. Esos, que la sociedad considera “normales” y son más espeso que una infusión de pan rayado.

En cierta ocasión dijo Gandhi: “Puesto que yo soy imperfecto y necesito la tolerancia y la bondad de los demás, también he de tolerar los defectos del mundo hasta que pueda encontrar el secreto que me permita ponerles remedio”.  Ojala sea pronto porque mientras tanto, nos estamos haciendo, entre todos, mucho daño.
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