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Ana Rodríguez | 49
Martes, 28 de Diciembre de 2010

Carta desde mi libro

¡José Saramago ha muerto! En esta carta desde mi libro, hablo de él después de muerto, porque ya hablé muchas veces cuando vivía. Desde que leí “Todos los nombres”, estuve atenta a sus publicaciones y a sus intervenciones públicas.

Escritor prolífico. Impresionó a todos los que lo leyeron, por gusto o por disgusto. Si hablas de Saramago, con gente que habitualmente lee, te pueden recibir de dos formas posibles: dándote la bienvenida al grupo de lectores, que lo han seguido y del que han leído al menos dos libros, o te puedes encontrar con caras de “hija que rara eres”. Haced la prueba. A nadie deja indiferente.

Pero a mi me gusta y no voy a pedir perdón por ello. Sus personajes viven inmersos en un entorno, viven en él y de él, (él mismo fue una persona única, en un entorno único, Lanzarote).

Escribir desnudándose en cada línea, aunque sea ante ciegos, tiene que ser, como poco, complicado. Pero él lo hizo. Escribió a pecho descubierto, de la misma manera en la que viven los personajes de sus relatos, para enfrentarse a sus destinos y al medio en el que los situó su creador.

Nos trasmitió el valor del esfuerzo para conquistar lo necesario, para descubrir lo evidente, para vernos a nosotros mismos. Envuelto en conceptos asequibles, con palabras conocidas, en textos depurados y austeros, como él vivió. “Vida y obra en perfecta coherencia”, como decía una compañera en el programa de Punto de lectura en el que hablamos de él.

Algunos libros de José Saramago nos ofrecen la posibilidad de vivir fuertes emociones. ¡Aprovechémoslos!

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