Miguel Hernández y su reloj
Una gran persona que vivió y murió en un mundo injusto, en tiempos duros y con la señora suerte de espaldas.
Gran parte de su vida fue un drama, pero nunca desfalleció de sus pensamientos y forma de vida que en el interior de su alma tenía, llevando como herramienta de trabajo o peor pensado como arma de guerra su poesía, la palabra, sus cantos y su persona. Herramienta tan peligrosa para los poderes establecidos de su tiempo, que estos, tuvieron que sacar lo peor del homínido para eliminar lo que aún hoy, sigue molestando al poder: “La libertad de expresión y pensamientos que pueden hacer reflexionar al pueblo”.
De su gran y corta vida, el episodio que más me llama la atención es la huida de su país a tierras portuguesas, por culpa de una fatídica guerra civil, obra y miseria de lo más bajo del ser humano, después de haber sido reconocido como un poeta y una gran persona.
A su llegada a Portugal no tenía nada y a nadie, solo un reloj que conservaba como parte de su ser, ya que era un regalo que le hizo el día de su boda, quien si le había reconocido su trabajo, su amigo y poeta Vicente Aleixandre. Se vio obligado a venderlo para poder subsistir, aquí es donde la señora suerte le dio la espalda, cuando quien le compró el reloj lo delató a las autoridades porque pensó que este era robado. La torpeza, idiotez y cortas entendederas de semejante comprador no tenía límites. ¡Qué gran obra social hizo el torpe! podrían pensar sus semejantes idiotas, pero que mal habla la historia de estos cortos de entendederas.
Miguel Hernández fue entregado a las autoridades de su país, siendo condenado a morir en el paredón, por no decir en las tapias del cementerio. En este tiempo la señora suerte se giró levemente y con el rabillo del ojo lo miró, por semejante mirada fue salvado de la muerte, gracias a la interpelación de célebres personajes que si habían reconocido su obra a lo largo de su vida, entre ellos Luis Almarcha Hernández, amigo de la juventud y posterior obispo de León, le fue conmutada la pena de muerte por 30 años y un día de prisión.
¿Qué pensaría Miguel Hernández de su raza en aquellas cárceles donde terminó por culpa de torpes, idiotas y cortos de entendederas, que le llevaron al abismo de su vida? Nunca lo sabremos.
En esta su tierra falleció, estoy convencido que no de enfermedad física, sino más bien de pena y dolor del alma, soltando su carruaje y volando a mundos más justos la madrugada de primavera del 28 de marzo 1942.
Mi homenaje a Miguel Hernández y a todos los Miguel Hernández que utilizan la poesía y la palabra como armas de guerra en las batallas de los hombres. Deseando para el nuevo año que acabamos de estrenar la mejor de las miradas de la Señora para nuestra sociedad.
Una gran persona que vivió y murió en un mundo injusto, en tiempos duros y con la señora suerte de espaldas.
Gran parte de su vida fue un drama, pero nunca desfalleció de sus pensamientos y forma de vida que en el interior de su alma tenía, llevando como herramienta de trabajo o peor pensado como arma de guerra su poesía, la palabra, sus cantos y su persona. Herramienta tan peligrosa para los poderes establecidos de su tiempo, que estos, tuvieron que sacar lo peor del homínido para eliminar lo que aún hoy, sigue molestando al poder: “La libertad de expresión y pensamientos que pueden hacer reflexionar al pueblo”.
De su gran y corta vida, el episodio que más me llama la atención es la huida de su país a tierras portuguesas, por culpa de una fatídica guerra civil, obra y miseria de lo más bajo del ser humano, después de haber sido reconocido como un poeta y una gran persona.
A su llegada a Portugal no tenía nada y a nadie, solo un reloj que conservaba como parte de su ser, ya que era un regalo que le hizo el día de su boda, quien si le había reconocido su trabajo, su amigo y poeta Vicente Aleixandre. Se vio obligado a venderlo para poder subsistir, aquí es donde la señora suerte le dio la espalda, cuando quien le compró el reloj lo delató a las autoridades porque pensó que este era robado. La torpeza, idiotez y cortas entendederas de semejante comprador no tenía límites. ¡Qué gran obra social hizo el torpe! podrían pensar sus semejantes idiotas, pero que mal habla la historia de estos cortos de entendederas.
Miguel Hernández fue entregado a las autoridades de su país, siendo condenado a morir en el paredón, por no decir en las tapias del cementerio. En este tiempo la señora suerte se giró levemente y con el rabillo del ojo lo miró, por semejante mirada fue salvado de la muerte, gracias a la interpelación de célebres personajes que si habían reconocido su obra a lo largo de su vida, entre ellos Luis Almarcha Hernández, amigo de la juventud y posterior obispo de León, le fue conmutada la pena de muerte por 30 años y un día de prisión.
¿Qué pensaría Miguel Hernández de su raza en aquellas cárceles donde terminó por culpa de torpes, idiotas y cortos de entendederas, que le llevaron al abismo de su vida? Nunca lo sabremos.
En esta su tierra falleció, estoy convencido que no de enfermedad física, sino más bien de pena y dolor del alma, soltando su carruaje y volando a mundos más justos la madrugada de primavera del 28 de marzo 1942.
Mi homenaje a Miguel Hernández y a todos los Miguel Hernández que utilizan la poesía y la palabra como armas de guerra en las batallas de los hombres. Deseando para el nuevo año que acabamos de estrenar la mejor de las miradas de la Señora para nuestra sociedad.



















