
El aficionado a la caza no se le presentan las ganas de cazar de la noche a la mañana. Salvo casos esporádicos, lo normal es que la afición nos vaya entrando desde pequeños, en esas jornadas de caza en las que acompañamos a nuestros padres, abuelos, tíos, etc y que, al principio, nos gusta mas ir con ellos por estar un día entero fuera de casa en el campo y sin las obligaciones cotidianas, que por la caza en sí. Más adelante ya te empieza a gustar la perdiz que tu padre/madre ha abatido en vuelo, el conejo que tu prácticamente no le has visto pasar y el cazador le ha dado muerte, etc.
Pues bien como cada vez nos encontramos con más restricciones en nuestra ya madura democracia, me han preguntado en algunas ocasiones si los menores de edad pueden asistir a actividades cinegéticas o existe una ley que lo prohíba.
A fecha de hoy no hay ninguna norma en nuestro derecho , ni nacional ni autonómico, que impida el que un menor pueda acudir a cualquier actividad de este tipo, eso si, siempre acompañado de una persona mayor, que no necesariamente ha ser su padre, madre o tutor, sino que puede serlo cualquier persona mayor de edad.
En este caso, la ley deja en manos del padre, la madre o el tutor la responsabilidad de que el menor acuda a esa actividad cinegética. Y no creo que ningún progenitor lleve a su hijo o le deje ir con otra persona mayor, a una cacería, por ejemplo de conejos, sin saber quienes son los cazadores que van a ir o en qué lugar se va a realizar, como tampoco dejarle ir a una montería de esas que los monteros viejos llamamos insolvencias, pues ningún padre /madre quiere que su hijo/a corra ningún riesgo.
Y dedico hoy esta Tribuna a este asunto, porque con motivo de las separaciones matrimoniales, por desgracia se sigue utilizando a los hijos para hacerse daño los excónyuges, y me han llegado a preguntar en un caso, si se podía denunciar al otro progenitor.
Pues bien. Actualmente podemos llevar a nuestros hijos de caza tranquilamente, pues no hay norma jurídica alguna que lo impida. Eso sí, en cada uno queda la responsabilidad de saber a dónde los llevamos.