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Lucas Navareño Miura
Jueves, 5 julio 2018

Mi padre

 


He tenido la fortuna de poder disfrutar de mis padres hasta que han sido muy mayores. Los disfruté yo, y lo han disfrutado mis hijos en su faceta de abuelos.
Evidentemente, la educación que recibí de ellos, no tiene mucha similitud a la que reciben mis hijos y posiblemente, difiera enormemente de la que recibieron de mis abuelos. Su generación (la de mi abuelo y la de mi padre) tuvo el infortunio de vivir de lleno una de las peores épocas de nuestra historia reciente. A mi abuelo, maestro de escuela en 1936, la guerra civil le cogió de lleno en medio de la contienda (como a muchos españoles que nunca se habían significado) y bastante fortuna tuvo que al menos salió vivo de ella, aunque con una sanción sin sueldo que durante tres años, permitió a sus hijos avivar el ingenio para lo que vendría después. Desconozco como les fue a los cuatro hermanos de mi padre en sus estudios aunque sé que la mayor parte de ellos estudió u opositó a la administración. Él, siendo el chico, quedó ayudando a llevar las tierras que quedaron a mi abuela de las que tuvo que vender para poder subsistir los años que estuvo sancionado mi abuelo y a la vez estudió de forma libre el bachillerato, magisterio y enfermería, lo que por entonces se conocía como practicante y posteriormente como ATS. Posteriormente y para que pudiéramos estudiar los cinco hijos (a nuestros padres debemos agradecer el pertenecer a una generación en la que sus sacrificios eran enormes para sacar adelante a la familia) decidió mudarse del pueblecito en el que habían hecho toda su vida, Santa Cruz de la Sierra, a Mérida, donde existían muchas más posibilidades de futuro para todos nosotros ya que desde ahí se posibilitaba que pudiéramos estudiar con mejor perspectiva.
Mérida, ciudad que afortunadamente fue la elegida por mis padres, representa lo que para mí define una ciudad acogedora y en la que existe una calidad de vida muy alta para los que queremos una ciudad sin agobios, que permita realizar la mayor parte de las actividades andando y a la que puedas volver una vez que tus estudios universitarios te permitan regresar nuevamente ya en tu vida laboral. Otro acierto de mis padres.
Seguramente y por mi formación, la educación que se está dando a mis hijos es bastante distinta a la que mis padres me dieron a mí y mirando alrededor, la que otros padres dieron a muchos de mis amigos, lo cierto es que la mayor parte fueron educados para saber sacar “las castañas del fuego”, y no tengo muy claro si ese tipo de enseñanza de la vida sabremos inculcarlo a los que nos relevarán, o como decía el Fari, seremos una generación de padres “blandengues”. En fin, un beso grande allá donde estés y gracias por el tiempo que dedicaste a tus hijos, alumnos (que todavía me preguntan por ti) y amigos. lucas.miura@gmail.com  

 

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