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Teodoro Gracia Jiménez
Jueves, 5 julio 2018

Fabricar puentes en lugar de muros

 

 

 

Qué bien nos iría a todos si aprendiéramos a crear puentes en lugar de muros y consiguiéramos llevar por bandera la comprensión y la coherencia, pero por desgracia, hay personas que por mil razones que se les den para que entiendan cualquier situación, se niegan a escuchar y simplemente acumulan información, creando sus opiniones y lo que es peor, sacándolas de contexto.


Son personas que jamás intentan saber cómo se han hecho las cosas ni quieren que se las expliquen ¿para qué? –pensarán-. Ellos de antemano ya tienen una opinión preconcebida y como son personas que siempre se mueven en grupos numerosos de amigos se consideran líderes y ese liderazgo lo asumen con la pretenciosa posesión de la verdad, vamos, que lo que dicen va a misa.


Este tipo de personas son aquellas que normalmente apenas dejan hablar porque siempre se están quejando. Se quejan de todo y por todo. Nada está bien si no lo hacen ellos y, por supuesto, sus opiniones son cerradas e irrebatibles. Sin olvidarnos que tienen tal capacidad de malmeter amparando sus reflexiones en palabras sacadas de contexto que terminamos apoyándolos ignorando que es todo pura manipulación. Bueno, tampoco todo el mundo cae en la trampa porque, por suerte, la mayoría intentamos tragarnos algo que sabemos que no es cierto y lo hacemos, simplemente, para evitar enfrentamientos. Lo más sensato, cuando te encuentras con este tipo de personas, es hacer como que te lo crees. Rebatírselo sería una pérdida de tiempo, jamás se dejan convencer ¡La razón es suya!...Y todas sus tonterías también.


Estoy seguro que esos innumerables amigos que siempre les acompañan saben que este tipo de personas son insoportables pero no es un acierto llevarles la contraria porque siempre tienen argumentos para rebatir, aunque sean inventados.


En cierta ocasión, Theodore Hesburgh, definió a un mal líder tan acertadamente que guardé para mí sus palabras porque algún día sabía que tendría la posibilidad de sacarlas, hoy me vienen al pelo. Dijo,  más o menos, esto: “La verdadera esencia del líder es que tiene una visión pero... tiene que articular esa visión con claridad y fuerza en cada ocasión. No se puede tocar una trompeta incierta”. Creo, sinceramente, que no se ha podido definir mejor a esas personas que, considerándose líderes por estar siempre rodeado de muchos “amigos”, y no teniendo ninguna visión clara para articular, tocan la trompeta entonando una melodía absurda e infundada con tal de no perder el liderazgo. Grave error. De este tipo de personas hay que alejarse siempre y si eso no es posible, al menos no hay que seguirles la corriente porque podemos caer en el error de crearnos opiniones que nada tienen que ver con la realidad.

 

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