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Francisco Bautista Gutiérrez · Montijo
Última actualización 10:50
Viernes, 4 mayo 2018

La lealtad · Francisco Bautista Gutiérrez · Montijo

Es cierto que mirando fríamente cuesta mucho encontrar un referente válido para el encabezado. Es verdad, la parte política, los economistas, la cuestión social e incluso la religiosa no son patrones que nos inviten a ser leales a unos principios, a unos objetivos y menos aún a unas personas.

 

Menos mal que nos queda la historia para poder afrontar con claridad meridiana el futuro, fuente en la que podemos beber con serenidad. Porque es así, porque nos permite conocer las tradiciones, a nuestros héroes, a los cobardes, los inteligentes y los inútiles.

 

La labor, las conquistas y lo que consiguió el extremeño Hernán Cortés por ejemplo, no hubiese sido posible sino hubiera contado con la lealtad de unos hombres que le seguían aún a costa de su propia vida, y es que este concepto, es muy importante, solo hay que leer una de sus definiciones que dice que “es aquello con lo que uno se ha comprometido…un valor sin el cual nos quedamos solos”…

 

Podemos pues sacar la conclusión de que la lealtad ha de ser el principal valor de la sociedad, no solo aplicable al ámbito militar, y lo ha de ser  porque este sentimiento ha de generar para que sea entendido como tal una confianza plena en el camino que hay que recorrer para lograr un objetivo. Implica aceptar órdenes y cumplirlas fielmente, implica aceptar las consideraciones de los subordinados, implica el logro de una cohesión total entre los elementos que configuran una organización, un colectivo.

 

Hay que tener presente que la disciplina es la columna vertebral de cualquier empresa, , es mas,  de la sociedad, como norma es el compromiso de acatar las órdenes de alguien que está mas alto que nosotros en el escalafón de la organización a la que pertenecemos, o mas bajo, es lo mismo.

 

En el bando opuesto nos encontramos con la deslealtad, esa falta de respeto hacia el compañero que está antes que nosotros o debajo en el escalafón, esa deslealtad disfrazada de críticas siempre destructivas, de una continua queja por todo lo que nos rodea, perdiendo entonces la consideración de virtud, de aquella sensación que desarrolla nuestra forma de ser, en definitiva nuestra conciencia.

 

No es fácil encontrar el valor de la lealtad, y mas si entendemos este valor como lo que realmente es, la fuerza que sostiene al colectivo y por tanto a la Institución, una lucha continua por preparar cuerpo y mente para poder actuar en un momento determinado frente a unas adversidades desconocidas.

 

Y es triste que ese concepto se esté perdiendo, quizás influenciado por las circunstancias ambientales, tal vez porque no se nos inculque en las escuelas o es posible por el egoísmo que va invadiendo al ser humano que no concibe que pueda ser necesario ser leales a todos y a nosotros mismos.

 

Tiene que regresar esta forma de actuar, esta manera de vivir, lo mismo que las leyes nos dicen lo que se debe hacer, la lealtad al mando, al subordinado y por supuesto a la bandera nos dignificará como seres humanos.

Quizás nos falte el juramento, como hay en algunos países, Estados Unidos por ejemplo, un juramento a la nación y a la bandera que se recita desde pequeño en los colegios, un concepto de respeto que implica el que nadie puede ultrajar de ninguna manera a un himno, a una bandera

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