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Teo Cayetano
Última actualización 19:11
Lunes, 9 abril 2018

Los inquisidores digitales

Últimamente me zumban mucho los oídos, que es lo que dicen que ocurre cuando hablan - mal, por lo general - de ti a tus espaldas. ¿Y por qué? Pues porque formo parte de un grupo de personas que hemos decidido asomarnos a la vida pública para dar visibilidad a una nueva vía política y constituir una agrupación local de un partido, Ciudadanos..
Dar un paso así tiene, para mucha gente, unas connotaciones positivas: entienden que te implicas socialmente, que te expones públicamente y que vas a dedicar una parte importante de tu tiempo a asuntos de interés para toda la comunidad; la oferta política se amplía y los electores van a tener más opciones entre las que elegir.
Pero hay otra gente que, por dar este paso, te mira mal, te critica – con o sin razón, eso parece darles igual – y hasta te señala. Porque opinan que la democracia es representativa sólo cuando les representa a ellos. Y que quienes no compartimos sus planteamientos somos sospechosos, turbios y hasta peligrosos. Ellos son los nuevos fiscalizadores de las conductas y creencias ajenas, los inquisidores digitales.
Campan a sus anchas por internet, con el fanatismo por bandera y la difamación como arma, insultando, mintiendo, manipulando, la mayoría de las veces desde el anonimato, vertiendo barbaridades con la seguridad del ignorante y el aplomo de quien se cree impune, respaldados por una turba de seguidores tan fanatizados como ellos, que multiplican rabiosamente el eco de cada publicación, de cada comentario, de cada réplica.
Se retratan ellos solos, revelando su cortedad de miras y cerrazón de mente, mientras agitan patéticos espantajos escribiendo falsedades en redes sociales al tiempo que dan patadas al diccionario, a la ortografía y a la gramática. Estos intolerantes, demócratas de boquilla, apologetas del pensamiento único, señalan a sus víctimas con su dedo inquisitorial mientras lanzan acusaciones de herejía, lamentando que ya no puedan enviarnos a la hoguera.
Y no les repliques. Porque de nada sirve decirles que eres demócrata, liberal, reformista, partidario de los servicios públicos eficaces y que, además, te gusta mucho la diversidad. Todo tipo de diversidad, pero especialmente la de las ideas y el libre pensamiento. No, en su intransigencia, nada de eso les vale. Porque ellos son dignos herederos de Torquemada y, como él, ni aceptan explicaciones ni toleran diferencias.
La cultura democrática en nuestro país es aún muy endeble. Y el respeto por las ideas de los demás, también. Tenemos un largo camino por delante para alcanzar la tolerancia que se espera de una sociedad madura. Pero sabremos que lo hemos logrado cuando los inquisidores digitales se vayan disolviendo en un mar de transigencia, como lo hizo la auténtica Inquisición con la llegada de la Ilustración.

 

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