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Andrés Acevedo
Última actualización 18:27
Lunes, 9 abril 2018

La espía rusa y la credibilidad que damos a nuestros pensamientos

Me gustaría comenzar el artículo presentando un caso ficticio, pero muy típico, de una persona que acude a psicoterapia.
María es una mujer de 50 años, trabaja de ama de casa y cuidando de sus padres, que ya está mayores. Tiene una rutina extenuante. Pasa prácticamente todo el día realizando actividades (limpia su casa, va a comprar, cocina, hace los recados de sus padres, los lleva al médico, les da compañía, pasea con ellos, etc). Le gustaría descansar los domingos, pero cuando lo ha intentado no ha sido capaz.
Dice que no soporta la idea de que ella misma u otras personas puedan pensar que es “una mala hija”.
Ya sabemos la relación directa que tienen nuestros pensamientos con las emociones que sentimos, por lo que podemos suponer que María se siente bastante mal cuando piensa que es “una mala hija”.
Tras analizarlo, María dice que no tiene demasiados motivos para argumentar que sea “una mala hija”. Sin embargo, relata que le afectan mucho algunos comentarios de las vecinas de sus padres y otras personas que interpreta como si le estuvieran diciendo que es “una mala hija”.
Le preguntamos por qué le afecta tanto que los vecinos y otras personas puedan pensar que ella es una mala hija (en el caso de que lo piensen) cuando sabe que eso no es cierto. María no sabe qué respondernos. Entonces, le planteamos la siguiente situación:
“-Imagínate que yo pienso que eres una espía rusa. Imagínatelo de verdad. Yo podría tener mis motivos para pensar que lo eres: eres una persona callada, prestas mucha atención a lo que haces, sabes guardar un secreto y hablas mucho por el teléfono móvil ¿Cómo te sentirías si yo pensase eso?
-Me haría gracia.
-¿Por qué? si yo creo que ser espía rusa es lo peor. Le estás dando información nuestra a una potencia extranjera, a saber con qué fin.
-Porque es absurdo.
-Pero yo lo creo de verdad, tengo mis motivos.
-Pero yo se que es mentira.
-¡Ajá! ¿Y acaso no sabes que es mentira que eres una mala hija?
-…”
Cuando a María le afecta tanto que otras personas puedan pensar que es “una mala hija” es, en gran parte, porque le genera la duda de que, efectivamente, lo sea. María no soporta la idea de que eso pudiera ser así y por ello mismo, no se permite tomarse un sólo día de descanso a la semana.
Sólo un proceso de análisis de esos pensamientos hará comprender a María que no son lógicos y la liberará de esa pesada carga.

 

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