Martes, 7 diciembre 2010

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Casimiro Muñoz Murillo

Vivimos una sociedad estandarizada a unos límites, que está empezando a ser preocupante salirse de la norma, porque inmediatamente te van a saludar con un insulto. Y eso, sin exagerar. Si no sigues la corriente, a favor o en contra de lo que sea, eres de uno o del otro, no hay matices. Si no sigues la moda, o la contramoda, no eres. O politicamente correcto o asocial, contrasocial o lo que se invente el último sesudo pensador rapero, reguetonero, pimentonero (por poner algo) o simplemente, la última chorrada puesta de moda. Lo curioso, es que no encuentro un lugar para posicionarme. Soy en el término exacto y jurídico, un extravagante.

Ejemplos hay a miles. Vaya usted a comprar a las tiendas donde compran los más jóvenes y es curioso como, según la familia social o asocial, todas las ropas son iguales. Miles de combinaciones posibles, pero con la misma ropa. Es lo que tiene la fabricación en serie, casi siempre oriental, que se ha convertido en una llamada a la uniformidad. Si, porque parecen uniformes. O (este es que me vuelve loco de divertido) escuchas los telediarios y lo politicamente correcto se sigue a rajatabla. No hay discrepancia. Socialmente, somos de lo más aburrido … Incluso, si entran ustedes en las webs “paralelas” al pensamiento oficial, en internet, se sigue la misma monótona costumbre: enormes párrafos de inflamadas consignas revolucionarias, ochentonteras y areflexivas. El gurú de turno, casi siempre nada seguido, pero que le gusta su propia tonteria, como a cada uno el olor de sus expeleciones, se desvive en hacer soflamas absurdas. Algún tontaina las repetirá. Si hablamos de música se me enfadan, así que me callo.

La generalidad o la antigeneralidad, se sigue, habitualmente por miedo a significarse demasiado, pasando a formar parte del aborregamiento más absoluto. Dice mi amigo Nero que eso ha sucedido siempre, pero más que nunca en nuestro tiempo, en el que sin embargo, nos desvivimos por decir que somos libres. Es una mentira más de las que nos hace creer el sistema, o el anti-sistema, depende.Es lo que hay en nuestra sociedad. Y los que queremos vivir un poco nuestra individualidad (pocos, la verdad), encontramos una cierta dificultad, porque no te lo ponen fácil. Nadie. Hay que estar muy alerta si quieres vivir como individuo racional y no como borrego.

Por eso, uno, de vez en cuando, cuando se encuentra a gente con espíritu libre y “especial” en el mejor sentido de la palabra, se alegra mucho. No siguen los estereotipos, se cansan de lo normal, aprenden con ciencias paralelas a las escuelas oficiales, y lo que es más importante, aprecian también esa diferencia en los demás. Son especiales, “extravagantes”, aprenden no por el examen consiguiente, sino simplemente porque les apetece, exploran su interior para ver más, son sabios en el más genuino sentido de la palabra y libres, feliz y frescamente libres. Me apunto.

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