Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies

Francisco Flecha
Última actualización 18:01
Lunes, 5 febrero 2018

En su lugar de descanso

Yo soy mayor y no estoy para ponerme delante de un becerro, pero lo hice en su día y te queda una satisfacción muy grande en el cuerpo, fue hace años y todavía recuerdo el revolcón, fue en la ganadería de Peñas Blancas, aquel día tentaba Antonio Ferrera y Luis Reinoso El Cartujano, muchos recuerdos de otros tiempos en los que el mundo del toro estaba por todo lo alto, incluso un servidor pertenecía a la peña Taurina El cartujano de Puebla de la Calzada, siendo el socio nº 46 y era el socio nº 64, de la Peña Taurina de Montijo, pero repito todo esto ha cambiado a mal y la situación va empeorando a pasos agigantados.
Hubo un cantaor flamenco y después cancionero que era salmantino, me refiero a Rafael Farina, hizo películas como protagonista y sobre todo actor de reparto, con esa voz prodigiosa que ha quedado para siempre registrada en cassetes, discos y CDs, este hombre gitano de pura cepa, nació en Salamanca en un pueblo pequeño llamado Martín. Su infancia fue dura y fatigosa hasta la saciedad, pues la Gitana, es decir su madre, siempre embarazada, Rafael creció en compañía de once hermanos; a los 11 años ya empieza a cantar por tierras de Salamanca, pidiendo en bares y colmados, cantando de noche y de día buscándose la vida y dejándose el alma. Cuando cumplió 15 años, en Salamanca ya era conocida su voz, una voz potente, gitana y cálida, que hacía temblar los vasos en reservados y jolgorios, unos años después aparece en Madrid y allí cantó un fandango personalísimo y único, y es tanto el alboroto que armó entre los aficionados, que desde entonces saltó desde la pura catacumba del cante a los abiertos escenarios populares. La voz de Rafael Farina fue sin la menor duda, una de las mejores voces masculinas de esa amplia familia cancionera y flamenca; fue una voz personalísima y única en garganta, con sones de melodías graves y aguda, era una voz que no molestaba cuando la escuchabas. Nacido en tierras de ganaderías y dehesas de encinas, donde el toro bravo era visible desde cualquier punto, como es Salamanca, y es que el toro y la copla en esta España, siempre han ido de la mano; Farina popularizó canciones como Mi Salamanca, Vino Amargo, el fandango Por Dios que me vuelvo loco, Las Campanas de Linares y un largo etcétera, llenando teatros tarde y noche, además era un hombre incansable en el escenario. La actividad cinematográfica fue escasa ya que no pasó de dos o tres películas y Café de Chinitas fue una de las más populares, pues Antonio Molina fue su compañero de reparto, se rodó en el año 1960, en este mismo año se rodó también Puente de Coplas en la que también participaron, además de Farina, Adelfa Soto, la Niña de la Puebla y Porrina de Badajoz, cabe señalar finalmente, el cortometraje Cante de Fragua, en la que participó también, su esposa María Amaya, La Pillina.

Crónicas de un Pueblo • Términos de usoPolítica de PrivacidadMapa del sitio
© 2018 • Todos los derechos reservados.