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Teodoro Gracia
Última actualización 14:07
Miércoles, 3 enero 2018

La tristeza en Navidad

Hace algún tiempo leí un cuento sobre la Navidad que me encantó. Empezaba describiendo como viven las familias, durante todo el mes de diciembre, los preparativos de la fiesta, los adornos navideños, los regalos, la comida de Nochebuena, la llegada de los Reyes... por supuesto, momentos maravillosos para vivir la Navidad en familia pero enseguida, el cuento nos daba el primer latigazo recordándonos que no es así para todas las personas porque hay familias que están viviendo una situación bastante penosa: cierre de empresas, paro, desahucios, enfermedades, soledad...
Concretamente, los protagonistas de este cuento era una familia de clase media que ahora, por una suspensión de pago, estaban viviendo en la calle, el matrimonio y sus dos hijos. Habían tenido que dejar su hogar cuando un banco, sin ningún tipo de escrúpulos, los puso en la calle. La tienda de campaña que utilizaron durante años, para sus vacaciones, se convirtió en su nuevo hogar.
El cuento narraba una escena tremenda. El hijo pequeño del matrimonio, uno de esos días navideños, observó a través de una ventana, una casa llena de luces de colores, un inmenso árbol decorado y una familia preparando una mesa repleta de manjares. Triste volvió a la tienda y le preguntó a su padre que cuando volverían a vivir ellos las navidades de antes. No le contestó. Impotente agachó la cabeza sin saber que responder. La madre lo abrazó con una tristeza infinita y el hermano mayor, según decía el cuento, consciente de la situación, en silencio se puso a llorar.
La narración tomaba de pronto un impulso positivo y el menor de los niños tomó la decisión de recaudar dinero como fuese para dar a sus padres una Nochebuena especial. En complicidad con su hermano, recogieron cartones y con el dinero compraron castañas que asaron en un bidón y vendieron durante 4 días hasta conseguir, según el cuento, recaudar 280 euros. Compraron comida, regalos, un árbol y luces de colores y ese día tan especial de Nochebuena les ofrecieron a sus padres una hermosa cena donde rebosaba, sobre todo, amor.
Lo bueno que tienen los cuentos es que el autor puede ponerle un final feliz pero por desgracia, historias como esta se están viviendo actualmente en cualquier rincón del mundo y los que podían ponerle un final feliz están en otras cosas menos importantes pero más beneficiosas para ellos y es una pena porque, por su culpa son historias sin cerrar, historias de una tremenda injusticia social, historias de tristezas, de desesperanzas... historias que, por desgracia, no quiero que se oculten tras millones de bombillas de colores ni se callen entonando villancicos. Quería simplemente recordar que, desgraciadamente, también existe la tristeza en Navidad.

 

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