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Elisa Martín Crespo
Última actualización 21:17
Lunes, 4 diciembre 2017

Manada de lobos

Hace tiempo, una persona que había vivido de lleno la Guerra Civil me comentó que en las contiendas emergen los mayores héroes y los mayores villanos. “Ese- me dijo- es el momento de saber quién es quién”. Muchas veces he recordado ese planteamiento, porque sin esperarlo, me he encontrado delante de personas que claramente se situarían en uno y otro grupo si llegáramos a ese momento extremo. Y es que las manadas circulan entre nosotros. Y también los lobos solitarios. No hay más que escuchar a esas personas intolerantes que estarían dispuestas a hacer una limpia de colectivos enteros simplemente porque rompen su comodidad. A veces me ha recorrido un escalofrío pensando en qué harían si tuvieran carta blanca, si el muro de contención que proporciona el cierto nivel de desarrollo que hemos conseguido desapareciera. Las palabras y los gestos los delatan.  Pero, curiosamente, no siempre queremos verlo. Tenemos una trampa colectiva, una creencia irracional de que todas las personas deben actuar de forma agradable, considerada y justa. Nada más lejos de la realidad. Solo hay que echar un vistazo a la historia del siglo pasado de nuestra civilizada Europa para comprobarlo. Y también a nuestro alrededor.


En las últimas semanas hemos pasado del sobresalto de Cataluña a los horrores de La Manada, esa panda de trogloditas que circulaba por los sanfermines buscando premeditadamente una víctima. Al menos eso es lo que se deduce de los Whatsapp de circularon en su grupo, y lo escrito queda para siempre. De momento tenemos que ir con prudencia porque el juicio por violación múltiple está abierto, falta una sentencia y tenemos que respetar la presunción de inocencia. De forma paralela aparecen estos días lobos solitarios en forma de productores de cine, médicos, entrenadores, policías, padres, profesores... pueden estar en cualquier colectivo, no creo que se salve ninguno. También están en el mundo de la publicidad, de la moda, en el reggaetón, en las series... Y, a la vista de algunos comentarios, en algunos abogados y jueces que juegan el juego de la justicia.

 

No “to er mundo e güeno”, como decía Manuel Summer. Ya nos gustaría. No todas las personas son honestas, generosas y compasivas. Ese es un mensaje contundente que tenemos que dar a nuestras niñas, niños y jóvenes. Para que aprendan a protegerse, para que intuyan el peligro que se les puede venir encima en un momento, que no se confíen. Para que observen y hablen desde las primeras señales, para que denuncien y no tengan que esperar años para sacar las miserias. Y creo firmemente que los héroes son mucho más numerosos, sino no habríamos llegado hasta aquí. Pero si no vemos que las manadas de lobos están entre nosotros, es que no nos hemos enterado de qué va la película de la vida.

 

Elisa Martín es periodista y coach profesional

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