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Ana María Moreno Vaquera
Última actualización 18:37
Lunes, 4 diciembre 2017

Don Antonio Pérez Carrasco. Sacerdote y escritor

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Con el frío de los 60 marcha al seminario donde estudia filosofía y teología. Durante su juventud toma conciencia de la llamada de Jesús y se ordena sacerdote en el 77. Tras seis destinos, es nombrado párroco de San Gregorio Ostiense en el 2013 y, posteriormente, Capellán de la Virgen de Barbaño. Se llama osado por atreverse a  ser “juntador de palabras” pero ya son cuatro los libros publicados con gran reconocimiento de los lectores.  Su paisano Donoso Cortés y el pacense Godoy son personajes históricos extremeños que centran su estudio , al igual que las fábulas y leyendas de la zona.

 

¿Puede presentarse?

 

Me llamo Antonio Pérez Carrasco, hijo de Víctor e Isabel, el mayor de tres hermanos, Víctor -sacerdote, como yo, en Llerena- y Francisco, casado y con dos hijos, que vive y trabaja en Villanueva de la Serena. Nací el 19 de marzo de 1953 en Valle de la Serena, donde permanecí sin salir nunca -eran otros tiempos- hasta los once años.

(Para que no suene como muy lejos, voy a relacionar, aunque me vaya aún más lejos, a Montijo con Valle de la Serena, pueblo donde nació Juan Francisco Donoso Cortés, periodista, diputado y diplomático del siglo XIX, que estaba en la Legación de España en París -a su muerte y en su honor, la erigieron Embajada- y fue delegado por la reina Isabel II como testigo en la boda de Eugenia de Montijo con el emperador Napoleón III, por lo que ambos, acompañados por la madre de la novia, se pasearon en carretela por los Campos Elíseos hacia el palacio imperial, donde se celebraría la boda).

 

¿Sus primeros colegios? 

A los cuatro años comenzó mi aventura con los libros ("Las vocales", "Mi mamá me ama", "El tomate" y esas cosas de aquella primera Cartilla) al ingresar por primera vez en la escuela -hoy se denomina "Infantil", pero en aquellos tiempos éramos mucho menos eufemistas para eso de los nombres- en casa de alguna buena mujer, casi siempre soltera, que así se mantenía. Dos años después, pasé a las Escuelas Nacionales, según el argot imperante en aquella época, donde estábamos cuatro cursos peleándonos con "las cuatro reglas", la regla de tres, la raíz cuadrada, los dictados de "Platero y yo", los mapas o las figuras geométricas de madera, que, a veces, podían "volar" sobre alguna cabeza y "pitera" al tanto, porque era raro no ver a alguno con la cabeza vendada y, debajo de la venda, para aplacar la inflamación, una moneda grande y amarillenta de diez reales (2´50 pesetas), por no hablar de los deditos manchados de tinta con aquellos tinteros.

 

¿Cómo recuerda su infancia? 

La infancia (Rilke, el padre de la poesía europea, decía que es la patria del poeta y yo pienso que de todas las personas) fue una época escasa en cosas, pero muy feliz. No nos creábamos necesidades porque, al no tener ni radio ni tele, no teníamos referencias y nos apañábamos como podíamos con aquella inventiva que nos hacía soñar en colores y crear nuestros propios juegos y juguetes según la estación del año (los zancos, la peonza, los bolindres -"pelá y "guá" se decía en mi pueblo para rematar la faena y humillar al contrincante-, el escondite, policías y ladrones, el pañuelo, la comba..., algunos comunes a niñas y niños y otros más específicos).

 

¿Cuándo entra en el seminario?

El 12 de octubre de 1964 ingresé en el seminario de Badajoz. En julio ya hice el examen de Ingreso -válido para obtener una beca del PIO- y en agosto tuvimos un cursillo-convivencia de diez días. Allí aprendí -rezar y estudiar ya sabía- en los recreos a jugar al fútbol, que luego, en vacaciones, contagié a mis amigos del pueblo y a aguantar el frío, que hacía mucho en invierno. Cuando íbamos en fila de dos a los distintos actos del día a día marcábamos con el dedo "veredas" en el vaho del mármol en el zócalo de los pasillos, lugares que, por cierto, dormí en más de uno porque al ser entre todos los cursos más de cuatrocientos, ¡un pueblo!, todas las camas no cabían en los dormitorios y, los de las últimas letras de la lista, teníamos que "emigrar" al pasillo en busca de refugio.

 

¿Cómo era la vida en el seminario? 

La vida allí era la típica de un internado de entonces -cambió mucho a mejor desde 1970- donde rezábamos y estudiábamos intercalando horas de aseo, comidas, recreos y asuetos en la sala de juegos de mesa y tele o muchas obras de teatro, dramas y sainetes, y... nos acordábamos de casa y del pueblo, sobre todo a la vuelta de las vacaciones de Navidad, tan familiar y con brasero, que nos entraba lo que llamábamos "murria", una especie de ni fu ni fa indolente que nos duraba un tiempo hasta que alguno daba una patada al balón y, con unos guardapolvos grises que usábamos para salvaguardar la ropa, corríamos detrás de él para espantar el tedio.

 

¿Qué estudia? 

Estudiábamos los seis años del bachiller de entonces más tres cursos de filosofía y cuatro de teología con cuatro horas de clases por la mañana y cuatro horas de estudio por la tarde. Trece años allí, desde los once a los veinticuatro. ¡Cuántas veces pasé por Montijo, en tren o en autobús, o por Lobón, con su entrañable belén navideño que se veía desde la carretera, durante todos esos años!

 

¿Cuándo supo que tenía vocación sacerdotal?

El hecho de estar en el seminario -y más en niños de tierna edad- no significa tener clara la vocación, aunque todo estuviese orientado hacia ella, porque no se puede confundir vocación con ilusión. La toma de conciencia seria -aunque cada cual somos un mundo- suele ser en la juventud, que es la edad de las grandes decisiones, con el encuentro personal e íntimo con Jesucristo en la oración y los sacramentos y optar por un modelo de vida, sobre todo cuando los estudios ya eran específicos. La vocación es llamada y respuesta, por lo que hay que conocer -y sobre todo amar- a Quien llama y a quien debe responder. El tiempo y la experiencia la van definiendo en el corazón.

 

¿Dónde cantó su primera misa?

Nos ordenamos sacerdotes en Badajoz, en la Parroquia de San Juan Bautista, frente al antiguo hospital y al teatro López de Ayala, catorce -desde entonces, solo un año nos igualaron en número, nunca, por desgracia, nos superaron- el día 12 de junio de 1977, por lo que este año hemos cumplido los cuarenta años de sacerdocio. La primera misa la celebré en mi pueblo natal el día siguiente, San Antonio, y, tres meses después, recibí mi primer destino.

 

[Img #74316]¿Cuáles han sido sus destinos?

San Vicente de Alcántara, junto con otro de mi curso, fue el primero como coadjutor segundo, donde pasé tres años inolvidables, pues la gente, en aquel tiempo de transición política, tenía muchas ganas de colaborar en lo común.

Puebla del Maestre -solo a doscientos kilómetros de distancia de S. Vicente- fue mi primer nombramiento como párroco y estuve ocho años.

Villar del Rey vino a continuación, donde viví seis años, compartiendo los tres últimos -al venirse aquí D. Emilio Sánchez- como arcipreste de Alburquerque.

De allí, a Campanario y La Guarda donde pasé doce años, la etapa más larga.

Luego en La Zarza, siete años. Aquí es donde fui vecino de D. Jesús Sánchez Adalid (en el seminario no coincidimos por ser él más joven) y nuestra relación -aparte de algunas presentaciones de libros- fue de ayuda mutua en las labores pastorales.

 

¿Cuándo llega a Montijo?

El día de mi santo de 2013 recibí una llamada del obispo para darme el nombramiento de párroco de San Gregorio Ostiense de Montijo y de Barbaño, donde tomé posesión el día 1 de septiembre de dicho año. (Ya veis, seis nombramientos, tres en una orilla del río Guadiana y tres en la opuesta, y, a grandes rasgos porque de todo hubo,  estuve a gusto en todos ellos).

 

¿Qué peculiaridades presenta San Gregorio con respecto a San Pedro?

En lo artístico, las diferencias son evidentes, pues la Parroquia de San Pedro tiene un abolengo de siglos mientras que la de San Gregorio es casi una niña, como la esperanza, de cuarenta y tres años recién cumplidos. En lo humano conozco una más que otra, por lo que no sabría valorar con equidad, pero sí tenemos muchas cosas interparroquiales y encontré en ambas mucha calidad humana, muchas personas que donan su tiempo, sus cualidades, su dinero o sus destrezas para hacer comunidades vivas que siembran en Montijo alegría y esperanza desde el humanismo cristiano, compartidor y comprensivo.

 

¿Cuál es su misión como párroco?

El párroco debe celebrar los sacramentos, predicar, atender el despacho, coordinar los distintos sectores -consejos de economía y de pastoral, catequistas, cáritas, liturgia, visitadores de enfermos, misiones...-, animar, escuchar, apoyar, consolar, convivir, cumplir con su deber cada día procurando estar disponible para todos.

 

¿Qué servicios presta la parroquia de San Gregorio al pueblo?

Todos los que una parroquia puede dar en los momentos importantes de la vida -bautismos, bodas, entierros-, ayudar a crecer en lo humano y en la fe -catequesis a todos los niveles-, compartir con los más necesitados -cáritas, enfermos, escasez de cultura-, papeleo del despacho, acogida.

 

¿Faltan colaboradores?

San Gregorio tiene muy buenos colaboradores, mujeres y hombres dispuestos a echar una mano en lo espiritual y en lo material -limpieza, adorno del templo, jardín del atrio, fiestas, celebraciones-…

 

¿Cómo  es su día a día?

Tengo muy claro lo que debo hacer cada día, por lo que procuro llegar a todo y ser puntual, no dejar de atender, a no ser que sea materialmente imposible, a quien pueda acercarse a consultar algo, eso sí, la mayoría de las veces corriendo de un sitio para otro, porque geográficamente es una parroquia poco nuclear con los lugares muy apartados unos de otros. Y sin olvidarme de Barbaño, también con muy buenos colaboradores que me quitan muchos pasos.

 

¿La Virgen de Barbaño es el máximo exponente de la devoción popular en Montijo?

Soy capellán de la ermita de la Virgen de Barbaño, que, ciertamente, es la devoción popular por excelencia. Nuestros pueblos suelen ser muy marianos y, si en nuestra cultura la madre tiene mucho peso, no podía tener menos en la fe.

 

¿Falta de fe en la actualidad?

Alguien me decía el otro día que la gente de fe está ahora mucho más comprometida, y creo que es verdad, por lo que no creo que haya tanta falta de fe en tanta gente como dicen los que parecen estar interesados en que así sea. Cierto que hoy mucha gente vive enredada en las cosas y desatienden su dimensión espiritual, pero la fe no es sociológica, sino íntima, de la mente y del corazón, y ni siquiera el fútbol -y lo dice un forofo- reúne tanta gente el fin de semana en España como la misa dominical.

 

La x para la iglesia en la declaración de la renta ¿por qué debemos marcarla?

Con la X, no se nos pide un impuesto más, sino que de lo que te retiene el Estado nos pide opinión -¡ojalá nos la pidiera para muchas más cosas del gasto público!- y destinar algo a la Iglesia y a otras asociaciones. Yo marco las dos porque es necesaria la ayuda benéfica y la Iglesia -a los datos me remito- a través de Cáritas está a la cabeza en la asistencia de los más necesitados.

 

¿Cáritas puede ser reemplazada por alguna ONG en la actualidad?

Cáritas no es una ONG más ni compite con ninguna, sino el brazo generoso de la Iglesia para hacer eficaz el mandamiento del amor al prójimo sin demagogias, que no dan de comer, sino con entrega y cariño de miles de voluntarios que gastan su tiempo y su dinero en paliar la necesidad abarcable, porque "obras son amores". Montijo puede estar orgulloso del funcionamiento de Cáritas interparroquial, que está entre las que mejor funcionan de la diócesis y abarca otros campos aparte del asistencial en los que sirve, en silencio, de mucha ayuda a los necesitados de nuestro pueblo y a los transeúntes. Desde aquí doy las gracias a todos los que colaboran.

 

 

Escritor…:

¿Escritor? Nunca me oiréis definirme así por el gran respeto que tengo a esa palabra. Siempre digo que, como mucho, aunque tenga publicados cuatro libros, soy "juntador de palabras".

 

¿Cuándo comienza a escribir?

El primer libro coincidió con los 25 años de mi ordenación sacerdotal en el año 2002, cuando tenía 49 años -poco me parezco a Rimbaud, que a los 23 ya tenía completa toda su obra- y me pareció una osadía: ¡lo que me arrepentí de haber dicho que sí a quien me lo propuso! Sería por eso que llaman "el síndrome del folio en blanco". Vivía entonces en Campanario, que tiene un entorno cultural entusiasta y me dejaría yo contagiar sin mucha oposición, pues me pidió que escribiera el presidente de una asociación de defensa del patrimonio, ADEPA VALLE, que se había formado en mi pueblo natal -un paisano había escrito un folleto sobre tres leyendas moriscas- una leyenda que había quedado sin escribir, "La Cruz de López" (nombre propio, no apellido, que significa "hijo de Lope"), sobre un pastor del siglo XVII devorado por los lobos. Y, pasado el susto inicial, comencé a reunir datos.

 

 

En castúo antiguo tiene publicado “La cruz de López” ¿por qué lo domina?

Lo primero que leí sobre lobos fueron siete folios que imprimí de internet en portugués, un video de Félix Rodríguez De la Fuente, los romances sobre lobos y cosas que me facilitaban mis amigos poco a poco, con mucho atrevimiento, fue saliendo un pequeño libro de 150 páginas que titulé "López, una leyenda sin rostro" con muchas palabras en extremeño, el antiguo "castúo", y se me ocurrió por encantarme la manera de hablar -técnicamente con muchos reparos- de la gente de mi pueblo. Lleva al final un pequeño vocabulario.

 

Existe mucha gente que conozca el dialecto extremeño?

La noche que lo presenté por primera vez dije que había escuchado en la tele a un gallego decir "mesmo" porque lo consideraba un lenguaje, mientras nosotros le reñíamos a mi padre, que estaba allí presente, porque lo decía también en vez de "mismo" porque nos parecía una desvirtuación del español en vez de valorar ese tesoro heredado de nuestros mayores que se va a perder.

 

Su primer libro editado….

Lo editó la asociación mencionada y el prólogo lo hizo mi entrañable amigo Antonio Ventura Díaz Díaz, que había sido Consejero de Cultura y Vicepresidente de la Junta de Extremadura y en ese momento era Director de la Academia Europea de Yuste, y le dio al libro un color diverso más allá del pueblo y de mi tímido intento, que, junto con mi osadía, quedó impreso el trabajo de alguien que nunca pensó escribir algo más que el folio de la hoja parroquial.

 

¿Su Bibliografía?

Dos años después, en 2004, ya con un poco más de seguridad en la pluma y el doble de páginas, editado también por ADEPA, aparecieron "Las veredas perdidas", que es una fusión de dos libros, uno sobre La Serena y otro sobre los oficios perdidos de aquella infancia en pueblos, tan parecidos, de tapias de adobe y tedio, hasta la llegada de la televisión, en el que cualquier niño o niña de entonces se puede ver retratado sobre el caballo del retratista o con la cabeza sobre una madera que tenía pintado un traje de faralaes, porque eso de las "polaroid" y los móviles quedaba aún muy lejos.

El año 2009 se cumplía el doscientos aniversario del nacimiento de Donoso Cortés, ya mencionado, y no me parecía bien que tan ilustre personaje pasase desapercibido en Valle de la Serena, por nacimiento, y en Don Benito, por ascendencia. Ambos ayuntamientos y SISEVA, la federación de asociaciones de La Siberia y La Serena, organizaron unas jornadas culturales en ambos pueblos. Yo había escrito dos años antes "La esfinge de cristal" sobre la vida y la obra del llamado "Sabio Extremeño", el más leído en Europa en su momento. Lo editó, por medio del alcalde, la Diputación Provincial y lo presenté, con la colaboración de Jesús Sánchez Adalid, en esas jornadas en mi pueblo y, luego, en Yuste con una conferencia extraordinaria, "Los extremeños en Madrid en el siglo XIX" -tuvimos en ese siglo cinco presidentes de Gobierno extremeños y dos, Godoy y Donoso, que influían casi más que ellos- a cargo de José Julián Barriga, periodista cacereño que fue el primer portavoz de La Moncloa que puso Suárez en la Transición.

En 2010 y en agradecimiento a la Academia Europea de Yuste escribí, en poco más de un mes -el trabajo de investigación estaba hecho por lo mucho que hay publicado-, "La yedra de Yuste" sobre los últimos días del Emperador Carlos V en nuestra tierra, que convirtió el monasterio en "la capital del dolor", que diría el francés Eluard y lo presenté -por propia voluntad ya que estaba todo preparado- en La Zarza el día después de enterrar a mi padre. Y cuando llevaba poco más de dos meses en Montijo en el hogar extremeño del Puerto de Santa María, donde, casi al final del acto, entró una montijana que llamó a su hermana, María Arrobas, buena historiadora, que corrió la voz, lo que me llevó, por empeño de Manolo, el cronista, a presentarlo en la sala Centinela.

 

¿Qué proyectos  tiene como escritor?

Desde entonces, no he vuelto a publicar nada, salvo un artículo en el Hoy sobre Santa Teresa de Jesús en el día de la mujer.

 

¿Cuál es la temática de sus libros? 

Los temas ya dije que son históricos, a nivel muy modesto los dos primeros y a gran altura los otros dos últimos. Se imprimieron mil ejemplares de cada uno; algunos de los primeros ya están agotados.

 

¿Historia novelada?

Alguna vez comenté que no me interesan mucho las historias, sino la Historia, y por eso doy más importancia a cómo la cuento, que a lo que narro, porque me gustan las palabras. Si las historias suelen dejarnos bellas emociones finales, los sustantivos, verbos y adjetivos nos pueden emocionar varias veces en el mismo renglón.

 

¿Algún referente?

Dos autores, sobre todo, me ayudaron a sentirme seguro a la hora de escribir, uno fue Luís Alonso Schökel con "El estilo literario" que me llevó al otro, Francisco Umbral, que -más allá de su propio esperpento, que quizás nubló algo su brillante carrera- es el escritor más didáctico que leí por lo mucho que enseña a escribir entre líneas. Junto a ellos, los muchos libros de poesía lírica, que abre la mente y el corazón a lo inefable, a lo que no podemos abarcar con los sentidos, a lo simbólico, al otro lado del realismo, al anverso de lo que se cree útil, al nido de los sueños.

 

¿Dónde se inspira?

Eso mismo me preguntaron unos compañeros y les respondí que en Los Salmos, que he de rezar todos los días y esconden misterios tras sus palabras. Lo cierto es que sin leer no se puede escribir.

 

¿Prefiere alguna etapa histórica?

No tengo ninguna predilección y desgrané cuatro siglos de Historia -XVII, XX, XIX y XVI, por ese orden-, uno en cada libro, con múltiples historias.

 

¿Su meta?

Hace siete años que no escribo y estoy volcado en mi trabajo pastoral, pero igual que un día, casi a mi pesar, comenzó eso de oír los sonidos de la musa, pueden resonar de nuevo en cualquier momento y tendré que volver a hacer equilibrios con las horas de sueño para poder compaginar ambas cosas a la vez sin que se resienta lo esencial, como no se notó en las cuatro travesuras literarias anteriores.

 

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Perfil

Nombre: Antonio Pérez Carrasco

Un lugar para vivir: Montijo

Edad: 64 años

Nacimiento: Valle de la Serena

Residencia : Montijo

Estado Civil: célibe, que no soltero

Un lugar para perderse: el silencio

Una compañía: la oración y la pastoral

Una lectura: (muchas) "La perla" de John Steinbeeck

Una Música: (casi toda). La de los años 60-70

Un hobby: leer y ver al Real Madrid

Un sueño: la paz como realidad y no como deseo

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