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Lucas Navareño
Última actualización 14:37
Martes, 7 noviembre 2017

Sentimiento nacionalista

Ciertamente, me cuesta tener que escribir del tema de los últimos meses. De hecho, doy por hecho, que va a haber muchas otras columnas que irán dedicadas a nuestros queridos compañeros de autonomía (por mucho que se declaren de otro estado), los catalanes.
Mi primera relación de las que marcan con compañeros catalanes, la tuve realizando el servicio militar en Melilla a la que por castigo nos enviaban a gallegos, vascos, catalanes (parece que a estas tres autonomías por razones más obvias), extremeños y canarios (supongo que la razón era que nos quejábamos poco. Éramos mayoría allí y nunca supe las razones que motivaban que por sorteo, fueran esas autonomías las que proporcionaban el grueso de personas que iban allí.
De los catalanes que conocí, los más destacados fueron un cabo fourrier, José Trepat (todavía no eran Josep) que era de los catalanes de 8 apellidos catalanes de toda la vida y que como buen catalán, hablaba en catalán cuando se juntaba con otros de los que hablaban su mismo idioma. Era persona agradable, de buen trato, atenta y servicial.
Había más catalanes aunque no tuve mucho más trato que el que se puede tener con compañeros de trabajo pero sin mucha relación que vaya más allá del trato laboral ya que generalmente y al ser muchos de esas autonomías, solían reunirse entre ellos y en sus horas libres, la cantina se llenaba de grupos en función a las autonomías (por un lado vascos, por otro catalanes y por último el resto de autonomías en un mismo grupo).
Estuve destinado en un principio al cuerpo de radio, perteneciente a transmisiones, pero como la mili no funcionaba así, un día me preguntaron si quería irme al botiquín del regimiento ya que no tenían sanitario y habían visto que mi padre, además de profesor era Practicante (el actual enfermero) por lo que daban por hecho que alguna vez habría visto como se manejaba y como los oficios “se heredaban” daban por hecho que sabría. Hechas las preceptivas consultas, decidí cambiarme al botiquín donde eran otras cuestiones las que allí se realizaban ya que funcionaba como los centros de salud, más desligados de las cuestiones castrenses.
Allí conocí el otro lado del catalanismo. El soldado que se encargaba de llevar a los enfermos que teníamos en el cuartel era un catalán de adopción, de esos que vulgarmente ellos conocen como charnegos. Se llamaba José García y sus padres eran emigrantes andaluces que habían ido como tantos en los años 60 a buscarse la vida. Este José García, es el prototipo de los independistas de nuevo cuño que tienen que reivindicarse ante los catalanes de toda la vida para que lo reconozcan en la cuadrilla, y son mayoría de los que actualmente despotrican con lo de los “paisos catalans” de toda la vida. Algo parecido ocurrió con Santa Cruz de la Sierra (Cáceres) de donde salieron muchos emigrantes a una localidad, Elorrio y que sus hijos, fueron en su mayoría integrantes de la kale borroca como forma de sentirse próximos a los ideales independentistas (conocí algún caso que trajo muchos quebraderos de cabeza a la familia) y a los que hubo que poner en su sitio cuando venían a Extremadura. En fin, cosas de la ignorancia.

 


 lucas.miura@gmail.com

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