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Teodoro Gracia
Última actualización 14:33
Martes, 7 noviembre 2017

Sociedad violenta

Hasta qué punto está la sociedad receptiva a la violencia que al mínimo cambio, a la mínima provocación, se pueda tirar todo por la borda y si llega el caso, te lanzas a la calle a intentar no dejar títere con cabeza.  Sin razón, sin fundamento, solamente porque alguien ha sido capaz de provocar revolverte las tripas.  
Cualquier situación conflictiva es el fiel reflejo de una sociedad crispada, de una sociedad violenta de la que fluye un estado de agresión, que lamentablemente, se está convirtiendo en cotidiana. Y lo realmente penoso y doloroso es que en lugar de conmovernos con la cordura, hemos perdido el poder de asombro, convirtiéndola en irracional. Gritamos por el hecho de gritar y estamos deseosos de provocación para sacar ese odio que tenemos engendrado en nuestro interior. Estoy convencido de ello porque de lo contario no me explico cómo podemos destrozarnos los unos a los otros sin ningún tipo de miramientos ni de escrúpulos.
Demasiados momentos de furia emanan de nuestro interior con una facilidad pasmosa y somos capaces de pelearnos y  amenazarnos de la forma más violenta incluso contra personas que han formado parte de nosotros de una forma directa. Sinceramente, no sé como una simple discusión o tener unos pensamientos o creencias diferentes puedan provocar tanto desconcierto. La sociedad está crispada.
Qué fácil es caer en la provocación y desatar la rabia sin pensar en las consecuencias. Dejar volar los instintos violentos sin entender que todo puede terminar en una atrocidad, en una insensatez enorme que nos pueda enfrentar los unos contra los otros.  Todos, o casi todos, tememos y lamentamos las guerras, los conflictos bélicos pero es tan fácil llegar a ellos cuando tenemos una sociedad que se alimenta, consciente o no, de la crispación.
Estamos perdiendo los valores y nos estamos convirtiendo en un rebaño de corderos que seguimos a cualquiera que se le cruza los cables e intenta marcarnos un camino de falsas esperanzas, trazándonos un rumbo tan irracional como absurdo. Sensatez, solo pido sensatez en cualquier situación que queremos cambiar o mejorar y diálogo, la palabra, el consenso es el mejor medio para evitar conflictos. Cada día somos más viscerales, más violentos y ese no es el camino para resolver cualquier clase de injusticia.
Es cierto que el ser humano tiene que actuar, tomar decisiones, mientras esté vivo. Es de necesidad, por supuesto, luchar por una sociedad más justa pero la cordura tiene que ser nuestra bandera y no la rabia. No oigamos esas voces que confunden  los gritos con las palabras, irracionalidad con sensatez, porque nos llevará, irremediablemente, a perder la cordura entrándonos en una espiral de odio de la que no hay vuelta atrás.

 

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