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Pedro Gutiérrez
Última actualización 14:31
Martes, 7 noviembre 2017

Música y Reality

Todos conocemos a un tipo de personas  que dedican su vida a la creación artística. Pero, ¿quien decide lo que es, o debería ser, verdaderamente valioso en la creación artística, es una minoría...poderosa minoría? El creador se ve, hoy más que nunca, abandonado a su propio ser: ¿qué sentido tiene lo que hace?, ¿para quién lo hace?
Dos tipos de artistas superan esta cuestión de fondo sin sufrir consecuencia alguna.
Por una parte aquel que, dotado de una vitalidad fuera de lo normal, es capaz de mantener una productividad prácticamente ininterrumpida.
Su impulso creativo está, por lo general, unido a una euforia que le permite sentir y creer que todo lo que hace interesa a todo el mundo, concierne a todo el mundo, consiguiendo un éxito a medio o largo plazo, por el hecho de comportarse tal y como la sociedad quiere que se comporte. Y el estar tan seguro de sí mismo implica que el público no tenga opción a la duda. Este tipo de artista responde exactamente al ideal de nuestra sociedad de consumo...incluso se le puede admirar, contemplar, adorar...
El segundo tipo de artista trata de avanzar sin ayuda del público, tan sólo desde su “soledad artística interior” y, por lo general, también exterior. Es el artista cuyo arte sólo existe en primer término para él, para su propia realización –en el sentido más profundo del término–, sin el sabor amargo de la necesidad de reafirmarse, y que le permite mantener su propia autonomía frente al juicio de la sociedad. Trabaja de un modo constante y pausado. Pasa desapercibido, aunque hay veces que puede llegar a ser descubierto, hacerse famoso y ser elegido como objeto de colección, venta o todo aquello a lo que quiera prestarse.
El cambio es factible porque este tipo de artista representa con su obra el ideal de la «pureza del arte», todavía vivo en ese segmento de la sociedad aficionado al arte. Pureza que se traduce en una entrega total a aquello que considera verdadero y sustancialmente válido.Puede darse el caso –y no es inusual– de que sus obras se vendan o negocien incluso mejor que las de sus colegas hiperproductivos y negociadores, y si esto no se da en vida del artista, después de su muerte se activarán rápidamente las redes del consumo de sus obras.

Dedicado a todos los artistas que, absolutamente sensibilizados en su entorno, y a pesar  de sufrir en esta sociedad superficial en la que vive, son capaces de no  renunciar a su labor artística. FELIZ MES DE LA MÚSICA.

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