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Elisa Martín Crespo
Última actualización 23:39
Lunes, 16 octubre 2017

España no roba

Decía Voltaire que una palabra mal colocada estropea el más bello pensamiento. Y hasta una letra, diría yo. Porque hay que ver la que está liando en Cataluña la famosa consigna que se ha extendido como el aceite, explotando en la misma cara de la Mercé: “España nos roba”. Aludiendo al sentimiento y no a la razón, cuestión que sería imposible porque los datos cantan. Pero el corazón es otra cosa. Convence a alguien para que se sienta víctima y ya no habrá razones que valgan. Pero sobra una “s” en esa frase. España no roba, no.  Roban las personas. Nosotros tenemos nuestra correspondiente cuota de cuatreros y mafiosos, como en todos sitios. Y un porcentaje de ellos se nos han colado en los partidos políticos, en los gobiernos, en los sindicatos y hasta en la monarquía. También los hay catalanes, por cierto.


Pero España, así como país, como ente general, no roba. Ni mucho menos. Eso era ya lo que nos faltaba por oír.  Hace poco he leído un interesante artículo sobre el complejo de inferioridad que nos ronda desde hace siglos. Somos objeto de deseo de gran parte del mundo, por nuestro estilo de vida, el carácter y un clima envidiables, pero tenemos una curiosa tendencia a criticarnos a nosotros mismos. Típica propensión de quien tiene la autoestima por los suelos. Tengo una amiga que trabaja en la ONU que me comenta que es asombroso: llegan compañeros de algunos países absolutamente bananeros, violentos, corruptos desde la raíz a la punta pero ellos orgullosos, destacando todo lo bueno que pueden encontrar, mostrando sus imágenes, su bandera, sus logros... hasta que llega un español y empieza a hacer justo lo contrario. En lugar de hablar de todos nuestros méritos en el deporte, la investigación, la solidaridad, la empresa, la medicina, el patrimonio, la construcción, etc,  nos dedicamos a tirar por tierra nuestro país sin compasión.


Según algunos expertos, aquí tenemos un miedo irracional a hacer el ridículo y a ser rechazados. Y la explicación parece que hay que buscarla en la historia, en tiempos de los Reyes Católicos, cuando se orquestó una estrategia de propaganda antiespañola por parte de varios países para tumbar el imperio. Lo más curioso del asunto es que los principales compradores de la idea fuimos nosotros mismos y, desde entonces, no levantamos cabeza. Es nuestra leyenda negra. Pero lo que yo veo a mi alrededor no es gente que roba, sino personas honestas y muy válidas, también en Cataluña. Quizás ha llegado el momento de quitarnos etiquetas falsas y ponernos a trabajar por un país unido y fuerte. Y empezar a colocar las palabras donde tienen que estar.

 

Elisa Martín es periodista y coach profesional
 

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