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Teodoro Gracia
Última actualización 19:16
Lunes, 4 septiembre 2017

INFINITA BONDAD. A Juan José Zamora

Es increíble cómo, sin apenas habernos sentado los dos juntos para compartir una cerveza, tenga mi mente llena de tantos y tantos momentos imborrables contigo. Tenías la capacidad de hacer sentir a los demás cercanos a ti a pesar de la hipotética lejanía. Que te quisieran sin existir ni ofrecer el más mínimo abrazo.  Tú hacías, con esa infinita bondad que te caracterizaba, cercano los sentimientos y eso es un don que pocos seres humanos tienen.  Te dejabas querer y se te quería ¡todos te queríamos! Y una muestra de ello fue esa despedida multitudinaria que vivimos los días 4 y 5 de agosto. Numeroso público a rendirte el último adiós, niños, jóvenes, adultos... y miles y miles de lágrimas en tu memoria y por tu ausencia. Yo, aquella noche, en el tanatorio, me sentía muy extraño porque mi mente no era capaz de asimilar algo que me sacudía una y otra vez:  ¡No nos volveríamos a ver! Y van pasando los días y sigo sin aceptarlo, algunos días pienso que todo esto es una pesadilla y  que vas a aparecer por mi despacho para ver como organizamos la revista de feria.
Y... es que no puedo evitar masticar esta impotencia de asimilar tu ausencia y hay días, que tengo que sacar entereza para no tener que derramar alguna lágrima como me ocurrió el día de tu partida.
He de reconocer que no me gustan las despedidas y mucho menos cuando tengo que decirle adiós a un buen hombre como tú, a un buen amigo. Y aquí estoy, echando ese ratito contigo que te debía. Dejando fluir mis sentimientos para que te lleguen donde quiera que te encuentres. Estoy seguro que en un lugar maravilloso porque es lo que te merecías. Fuiste leal y amigo en tu vida cotidiana y fuerte, muy fuerte, afrontando tu enfermedad, a pesar de tu juventud. ¡Qué gran enseñanza de vida nos has dado a todos con tu valentía!, ¡qué manera tan digna de llevar esos momentos tan amargos que te tocaron vivir!, estoy seguro que se te va a recordar siempre por los muchos valores que tenías pero sobre todo, por esa infinita bondad con la que eras capaz de hacer sentir felices a todos los que te rodeaban porque esa era tu felicidad ¡la felicidad de los demás!
Hay pocas personas, yo he conocido a algunas, que han sabido brillar en el silencio, que han deslumbrado sin querer llamar la atención y que han quedado una estela de hermosos momentos a pesar de pasar por la vida sin hacer ruido... y puedo dar fe que tu eres una de esas personas.  Cuanto se puede aprender de valores si analizamos tu trayectoria y cuanto te vamos a echar de menos todos.
Es muy triste quedarse sin un buena amigo, sin una buena persona en nuestro entorno pero siempre, en nuestro corazón, guardaremos esa imagen de bondad que transmitían tus ojos.
Amigo Juan, tu cuerpo nos ha dejado pero tu recuerdo estará siempre entre nosotros.

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