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Elisa Martín Crespo
Última actualización Martes, 5 septiembre 2017 21:30
Lunes, 4 septiembre 2017

La historia del banco verde

Hay una anécdota de la historia francesa del tiempo de Napoleón que me llama mucho la atención. Trata de un banco de los Jardines del Palacio de las Tullerías, en el que un día se ordenó colocar un soldado de guardia para vigilar que las damas no se sentaran y se mancharan el vestido, pues estaba recién pintado de verde. Cuarenta años después, a Eugenia de Montijo, emperatriz de Francia, le llamó la atención que ese banco estuviera siempre vigilado y se interesó por el tema. Tirando del hilo descubrió que era una orden concreta para una circunstancia puntual, que se venía repitiendo de forma absurda durante cuatro décadas. Nadie se había parado a analizar el porqué de ese puesto de vigía, simplemente se cogía la orden del día anterior y se volvía a repartir la tarea una y otra vez. Y allí pasaban las horas un soldado tras otro.


Como la vida misma, vamos. Así empiezan las rutinas y los hábitos, algunos incluso heredados. La definición de rutina habla de una actividad o una serie de actividades que llevamos a cabo con frecuencia y de manera invariable. Es el conjunto de costumbres o conductas que realizamos casi sin darnos cuenta y de manera automática. Pueden ser tediosas y aburridas pero, como todo, tienen su parte de beneficio. Y es que en ellas buscamos sentirnos seguros, no vernos sorprendidos por situaciones inesperadas, digamos que es una forma de tener las cosas bajo control. El inconveniente es cuando dedicamos tiempo y energía a asuntos que no nos aportan nada. Rutinas que empiezan con un motivo lógico y que convertimos en una ley inquebrantable, aunque el motivo después desaparezca. Para colmo, algunas de ellas las empezaron nuestros padres e incluso nuestros abuelos. En algunos casos, si vieran que seguimos repitiendo patrones se quedarían asombrados y hasta nos increparían “Pero... ¿Todavía estáis con eso?. ¡Pero si empezamos a hacerlo porque a la tía Pepita le gustaba así, pero ya no tiene sentido!.” Y nosotros empeñados en ello, porque se ha hecho así de toda la vida, provocando muchas veces problemas de convivencia con nuestras parejas, colegas de trabajo y con las nuevas generaciones. En resumen, la rueda del absurdo.


He decidido buscar con lupa los bancos verdes que tengo en mi vida y liberar a los vigías que tengo allí plantados, que acaben ya con esa inútil tarea. Detectar lo que me aburre y me cansa para no dedicarle más tiempo, conocer nuevos puntos de vista, nuevas ideas, aprender otras lecciones. Quizás se trata de no dar nada por sentado, de cuestionarlo todo. Esto abre un panorama mucho más interesante. Creo que es momento de tener todas las preguntas, en lugar de tener todas las respuestas.

 

Elisa Martín Crespo es periodista y coach profesional.

 

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