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Rafael María Cañete
Última actualización 11:33
Lunes, 4 septiembre 2017

Música y Piedras

 

Mi espacio de este mes dedicado a la música se lo cedo a Rafael Cañete Rubio, nacido en Tarifa, en la provincia de Cádiz, que reside en Extremadura desde hace más de dos decadas, donde he desarrollado gran parte de su actividad literaria, recibiendo varios premios.
Su pasión por las letras y la historia, la vuelca en la tribuna de este mes:
Dfícil es intentar explicar las sensaciones y emociones que se sienten cuando las melodías del canto mozárabe, en las voces del coro de la asociación Ubi Sunt, acarician las milenarias piedras de la basílica de Santa Lucía del Trampal, conformando un perfecto maridaje entre la música litúrgica y el templo.
Luego, cuando la misa mozárabe ha concluido, el coro ha terminado sus cantos y la penumbra y el silencio invaden la basílica, basta cerrar los ojos para sentir la presencia ingrávida, sutil, etérea de Euterpe, la musa de la música. Sentir su aroma de flores recién cortadas y el suave tacto de sus cabellos de seda, y sentir cómo la sinfonía comienza de nuevo, como si aquel lugar no necesitara coros ni instrumentos, como si aquel lugar generara música por sí mismo.
Euterpe me mira y sonríe. Ella sabe que empiezo a entender, que me doy cuenta de que este espacio arquitectónico está confiado a proporciones y números ricos en simbolismo, que se aplican a las armonías musicales, y que también se consideró, en su día, que el templo debía estar hecho a imitación del cuerpo del hombre, aquella idea de Vitrubio, que recogió San Agustín.
A pesar del silencio y de la quietud del entorno, yo podía sentir el concepto de eurythmia1 vitruviana, sin que existiera en mí movimiento corporal alguno. Sin embargo, las miles de sensaciones que se generaban, merced a las poéticas palabras no pronunciadas por Euterpe y la música no interpretada de las piedras, estaban configurando en mi interior una coreografía capaz de expresar todos los aspectos del alma.
Euterpe me guiñó un ojo, parecía decirme que todo estaba ejecutado desde las armonías musicales. Me llevó al tramo que precede al presbiterio, allí se recogía el tono musical 9/8 y, ciertamente, sentía como en aquel compás de 9 por 8 las negras con puntillo jugaban al escondite entre las piedras, mientras eran contempladas con satisfacción por la corchea, y el ambiente se llenaba del sonido de la Cabalgata de las valquirias de Wagner.
Euterpe no dejaba de sonreírme, yo había entendido, El Trampal era algo más que arquitectura, proporciones o matemáticas, era sobre todo música, la Música de las Piedras.

 


Rafael María Cañete - escritor

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