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Matilde Esther Sánchez Ágreda
Última actualización 19:27
Viernes, 18 agosto 2017

A la atención de la Señora Doña FIBROMIALGIA · Matilde Esther Sánchez Ágreda

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Distinguida Señora: como verá, me dirijo a usted con mucho respeto y no precisamente por simpatía, no, se trata de educación puesto que es tal la aversión que siento por su existencia que ganas no me faltan de dedicarle únicamente descalificaciones.

 

Verá, Señora FIBROMIALGIA, me pregunto: ¿dónde estaba hace unos años que no conocíamos su existencia? ¿por qué decidió venir e instalarse entre nosotros? ¿no cree que en materia de enfermedades, dolores, trastornos, achaques, patologías, etc. ¿No tenemos ya suficiente la humanidad como para llegar e irrumpir en nuestras vidas de manera tan maliciosa y dañina como usted lo hace? Reconozco que tiene usted un nombre bonito, hasta suena bien al nombrarlo y si me apura un poco, puede resultar glamuroso. Señora FIBROMIALGIA, a su ilustre nombre le acompañan una serie de, llamémosle "consecuencias nefastas" y "horrores", que lo desprestigian. Consecuencias con las que usted ¿aleatoriamente? obsequia a sus "víctimas". A menudo usted me recuerda sobremanera, Señora FIBROMIALGIA, a la odiosa carcoma, cuando en el interior de un mueble viejo se escucha royendo y aniquilando la madera. Usted causa en el ser humano los mismos estragos... No, muchos más. Usted roe y corroe lentamente a base de dolores, calambres, entumiciones... Usted mina, debilita, socava, devora, dilapida, engarrota, entumece, paraliza... Se apodera de este modo de sus "víctimas" para nutrirse, robándonos los planes, los proyectos. A veces, las alegrías, las ilusiones y las ganas de hacer cosas, pero lo que es totalmente imperdonable es que nos robe usted  la salud. Al llegar usted a mi vida yo personalmente he descubierto, muy desagradablemente, partes de mi anatomía que

 

desconocía; también la he notado en mis desvelos nocturnos, en mi apatía, en mis limitaciones físicas, en esos calambres que por lo general se convierten en dolores insoportables. Son tantas y tan desagradables las veces que usted aparece, tantas ... La llaman, muy acertadamente, "la enfermedad fantasma", sí, puesto que te pones arregladita y peinadita, te maquillas un poquito y sales a la calle divina de la muerte, y ¿quién diría que llevas  a cuestas  a esta maldita señora?

 

Señora FIBROMIALGIA, quiero hacerle saber que sí, que es usted muy fuerte y poderosa, diría que hasta invencible, pero que ya que va a acompañarme todo lo que me quede de vida, pues venga ¡luchemos!. Yo no pienso tirar la toalla, yo no pretendo vencerla ni derrotarla pero sí quiero quedar muy claro que a mí usted no va a privarme ni a robarme mis proyectos, mis ilusiones, mis ganas de hacer cosas, mis sueños ni mi vida.

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