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Última actualización 18:42
Jueves, 3 agosto 2017

Conversaciones de verano

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Estos largos y ardientes veranos tienen muchos recovecos para disfrutar, sobre todo para los que somos del sur y no nos dejamos acobardar por el calor. Con ese arte que tenemos para buscarle las vueltas a los horarios, menear el abanico, aprovechar la sombra hasta de una chincheta, disfrutar de la cerveza helada, de los baños, de las noches y de las sandalias, las conversaciones tienen un lugar privilegiado. Con las horas por delante divagando por el análisis de lo pasado y por los planes de un futuro inmediato o lejano. Con tiempo para debatir, reír, curiosear, contar historias reales e imaginarias. Son conversaciones diferentes, con una dimensión distinta. Recuerdo muchas de ellas que han tenido lugar a lo largo de toda mi vida, algunas por cierto muy reveladoras. Una buena conversación puede ser transformadora, si enciende algo que  consigue aportar algo nuevo a tus planteamientos de siempre. Aunque sea algo pequeño. La vida no hubiera sido igual sin ese momento.  

 


En verano, las conversaciones tienen de bueno que podemos navegar por ellas. Ese hablar de “lo divino y de lo humano” sin mirar el reloj, lo que hace que tengamos más capacidad de argumentar, divagar y descubrir. Y también para algo más importante: escuchar lo que nos cuenta la otra persona sin necesidad de atropellarnos porque la siguiente cita nos espera. Dicen que aprende más el que escucha que el que habla, porque el que habla lo hace solo de lo que sabe. No tenemos capacidad para ver todos los ángulos y, con tiempo y paciencia, la otra persona te los desvela. Es momento de completar el mapa.

 


Para mí, las conversaciones mirando al mar son las mejores. Desde el norte de Portugal, el Atlántico produce además sensación de fuerza. Frente a este horizonte todo se ve más grande, más amplio. Este año, por ejemplo, hablaba una tarde de entrevistas de trabajo con una persona que hace cientos de ellas al año en una multinacional. Muy interesante todo su análisis y las conclusiones a las que ha llegado: “Ves cómo son las personas en cuanto entran por la puerta. Por su forma de andar, su mirada, la energía que proyectan. Y, sobre todo, se ve la confianza que tienen en sí mismas. Eso determina toda la entrevista”. Los gestos nos delatan, para bien y para mal. Como decía Groucho Marx, nunca tendrás una segunda oportunidad de causar una primera buena impresión.

 


El tema derivó en  la gestión de las emociones, el poder del miedo, la eficacia de la empatía... Conversaciones que abren expectativas. Como el mar. Como el verano.

 

 

Elisa Martin, periodista y coach certificada

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