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Última actualización 10:37
Viernes, 7 julio 2017

Música y Conservatorio

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Cuando una persona, especialmente un niño/a, comienza a estudiar música suele ser porque se ha conmovido de alguna manera con el hecho musical y desea/necesita experimentar las emociones y vivencias que la música le despierta cada vez más y con mayor profundidad. El niño anhela la experiencia, la vivencia, la emoción. Sin embargo ¿qué ocurre en las clases de instrumento que casi no se dispone de energía y tiempo para trabajar lo emocional de una obra? Después  de 10 o 15 años de estudio ¿cuánto tiempo de este estudio fue destinado a trabajar el aspecto técnico y cuánto a profundizar la conexión emocional con las obras que se han estudiado? ¿Dónde ha quedado aquel primer deseo/necesidad del niño que anhelaba conmoverse? Creemos que si estudiamos exhaustivamente la técnica, lo emocional aparecerá luego. Sin embargo ¿cómo puede aparecer algo que no se ha trabajado? ¿O acaso es posible que, por ejemplo, la claridad en las escalas aparezca si nunca hacemos escalas en nuestro estudio cotidiano?

 


Este olvido sistemático del aspecto emocional de la obra y del músico, que suele estar en la base de la mayoría de las clases de instrumento tanto en el nivel público como en el nivel privado, se halla en la base de todo displacer en el escenario: miedo escénico, aburrimiento, pérdida de sentido de la actividad musical... más allá de que el músico sea exitoso o no. Cuando esto ocurre, no podemos evitar correr de un lado al otro buscando logros profesionales, logros en la carrera. Buscamos prestigio y reconocimiento, buscamos admiración y un estatus musical alto. Muchas veces no alcanzamos esto que buscamos y creemos que nuestra sensación de frustración tiene que ver con no haberlo alcanzado; sin embargo, cuando ganamos un concurso, obtenemos el puesto deseado o somos admirados, después del momento de euforia, cuando quedamos solos nos damos cuenta de que algo no ha ocurrido. Quizá somos músicos exitosos, quizá tenemos prestigio, quizá parece que tenemos todo y por lo que hemos luchado. Sin embargo algo no está allí, donde pensábamos que debería estar. Ese algo es aquella primera experiencia emocional, aquella vivencia por la cual hemos comenzado a estudiar música, por la cual somos músicos. Ese algo es aquella primera sensación que, cuando niños, experimentábamos simplemente con el hecho sonoro, ignorantes de puestos, premios y distinciones. Sólo el contacto con el hecho musical. ¿Dónde ha quedado aquella experiencia después de tantos años? ¿Dónde aquella profunda conmoción y fascinación por el hecho musical? ¿Por qué si ahora poseemos tantos más elementos técnicos nuestra emoción ha quedado tanto más atrás?

 


Que vivamos el verano y las vacaciones con la emociones y el recuerdo de las vivencias de nuestra niñez...de esa forma la disfrutaremos de una manera especial y única.

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