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Lunes, 09 de Agosto de 2010

Sufrir tu silencio desde el silencio

La memoria es un regalo que nos hacen cuando llegamos, pero…¿Qué pasa cuando nos la quitan antes de irnos?

Conocí tus primeros síntomas y desconocía que es lo que estaba pasando. Me confundían tus preguntas sin fundamento y tu repetición constante. Con el tiempo seguí viendo tu terrible proceso y empezó a preocuparme tu caminar desorientado, mirando a la nada.

Un día recuerdo que fui a verte, mirabas fijamente la pared. Con tu rostro inexpresivo volviste la cabeza y me miraste. Yo te dije:
- Hola preciosa ¿Qué haces?
- ¿Quién eres?
- Soy tu hijo.
- ¿Mi hijo?

Era la primera vez que no me reconocías y empecé a sufrir tu silencio. Lo hice callado, desde mi silencio, en la más oculta y severa tristeza. Es muy duro observar tu continuo padecimiento, tu desorientación y esos ojos fijos viajando por el espacio.

Y te imagino triste, muy triste, danzando por la vida con pasos y movimientos descompasados. Yo, impotente, te observo y apenas te reconozco, esa maldita enfermedad se ha llevado todo tu buen humor, tu alegría y te ha metido en una jaula sin barrotes de la que nunca serás capaz de salir. ¡La libertad de decidir es algo que ya te han negado de por vida!

Que duro es aceptar que padeces Alzehimer, ver como te olvidas de quien eres, de mi nombre, de toda una vida repleta de momentos compartidos.

Sé cuanto necesitas del apoyo humano, del calor de los tuyos pero esta sociedad nos hace cada vez más inhumanos y casi nunca tenemos tiempo para nada… y tu silencio nos daña cuando te vemos y nos vuelve cómodo cuando no estamos.

Te he visto tan indefensa, tan resignada que se me parte el alma cuando te miro y solo puedo ofrecerte mis lágrimas y mi impotencia porque estoy seguro, al mirarte, que ya ni siquiera tus recuerdos se confunden, ni se mezclan, ni se mecen entre el pasado y el presente porque por desgracia, presiento que tus recuerdos se han desorganizado por completo y, cansada, has dejado de luchar.

Hoy, sentado a tu lado durante horas, te he mirado hasta la saciedad, recorriendo tu rostro, sereno y triste. Que duro es mirarte y aceptar tu última etapa sin recuerdos, sin esperanzas, sin vida.

Ahora más que nunca me gustaría tomarte de la mano y hacer tantas cosas pendientes… pero por desgracia, nunca más seremos lo que fuimos, ni podremos compartir momentos entrañables, ni contarnos pequeños secretos… ya solo me miras, no me escuchas, no me reconoces ni compartes mis momentos y me gustaría tanto que me entendieras, que escuchases a mi corazón que te está gritando incansablemente que aunque tú pierdas la memoria y puedas olvidar, yo la mantengo intacta y no te olvido.

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