Sábado, 9 octubre 2010

Gitanos rumanos en las Vegas Bajas

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Elisa Martín Crespo

El presidente Sarkozy ha destapado este verano la caja de los truenos con el tema de los gitanos rumanos. Hay que reconocer que este colectivo, que ejerce su condición nómada por toda Europa, hace tambalear los cimientos de las bases “civilizadas” de nuestro entorno.

Cuando ya parece que está el personal metido en cintura, con cientos de derechos y miles de deberes, aparecen ellos y nos echan por tierra todo el invento. Aquí, en las Vegas Bajas, también tenemos nuestro cupo. Entre Montijo y Puebla se instala periódicamente  un grupo y en el trasiego diario que tenemos por ese cruce nos damos de cara con la miseria, la ignorancia, el hambre y  la suciedad , y los contemplamos con pasmo y con miedo desde nuestros coches-viajes-moda-consumo. Creo que  a todos nos surgen sentimientos contradictorios porque, por suerte, también hemos desarrollado una conciencia social que nos toca la moral, y gracias a ella entendemos que no basta con esconderlos  y que nosotros no los veamos, porque el problema seguirá existiendo.

A los que se les plantea un buen conflicto es a las autoridades, porque de repente se encuentran con un colectivo que se salta a la torera todas las leyes: no se puede acampar, no se pueden hacer hogueras, no se pueden tener animales sueltos cerca de una carretera, ni venderlos sin guía, no puede haber  menores sin escolarizar…..Y cuando digo que no se puede, quiero decir que preparen el bolsillo los vecinos de la zona que se salten esas normas. Intente acampar a la orilla del rio una noche veraniega o hacer una barbacoa en el campo con los amigos. Se les cae el pelo. Yo he visto a una patrulla de la Guardia Civil enfrente de los gitanos parando a los coches para controlar si sus ocupantes tenían puesto el cinturón de seguridad, y si no, multa al canto. Me ha parecido una imagen esperpéntica. Y tengo que reconocer que me da pavor pasar con el coche cuando esos pequeños, muy pequeños, están sentados en la carretera.  Como  todos los niños,  son imprevisibles y en cualquier momento se puede producir un accidente  de graves consecuencias para ellos y de gran responsabilidad para el conductor.

A mi me gusta el pueblo gitano. Admiro sinceramente el empeño con el que mantienen su  identidad. En nuestra zona convivimos con numerosas familias con total normalidad. Mi hijo tiene buenos amigos gitanos, relación que apoyamos y de la que todos aprendemos. Y en cuanto a su leyenda negra de saltarse las normas, creo que entre los payos hay la misma proporción de delincuentes, incluso muchos de ellos, como algunos políticos, nos roban a manos llenas gracias a nuestros votos. El tema de los gitanos rumanos no es un problema étnico, el que sean gitanos o rumanos es pura casualidad. Es  un problema social que afecta a la convivencia, a la seguridad y a la ética.

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