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Ana María Moreno Vaquera
Última actualización 12:53
Miércoles, 7 junio 2017

José Antonio Moreno Delgado, todo un showman

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José Antonio es hijo de Emilio Moreno y María Delgado, nacido en Badajoz y criado en Montijo. Es hermano de Charo, concejala del Partido Socialista en Montijo, y de Pedro, militar de carrera.
De profesión, actor y cantante, aunque antes ejerció en los medios de comunicación.

 

¿Qué significa tiene la familia en su vida?
 La familia es siempre un país, me siento nativo de mi propia casa y aunque, a veces, me toca estar lejos, como ahora que vivo en Madrid, me gusta hacer lo posible para intentar que todo funcione y que los de casa seamos felices. La que más sabe de eso sin duda es mi hermana Charo que tiene vocación de cuidarnos a todos desde que tengo uso de razón. Ella es una luchadora, y es ella la que nos recuerda las fechas especiales, la que nos informa de los temas importantes. Como diría Chus Lampreave, sin ella estaríamos “como vaca sin cencerro”.

 

[Img #70963]Sus primeros años en Montijo.
Me eduqué en el Colegio Santo Tomás de Aquino. Yo era un crío muy tranquilo, muy callado ¡en serio! No montaba jaleo, me gustaba leer, dibujar, era feliz con un tebeo. Creo que tener hermanos mayores me ha hecho tener mi propio universo creativo y ser bastante independiente.
Mi padre, Emilio, tenía un bar histórico en el pueblo, el Puerta del Sol, o el Lagarto como lo llamaban los más viejos. Llegó a tener una peña flamenca.
Yo siempre escuché música en casa en un tocadiscos de maleta. Mi madre María cantaba mucho y muy bien, todo el día con la radio puesta mientras cocinaba aperitivos para el bar, cantando copla y canciones de moda. Por eso estoy seguro de que lo de cantar me viene de ahí, de escucharla embobado.
Además es curioso, por mi trabajo en musicales de diferentes estilos, canto de todo... de todo menos flamenco y eso es porque mi padre fue un enamorado del cante jondo. Como se reía de mis gustos musicales yo les tenía muchísima manía a los suyos. ¡Menudas discusiones teníamos por la música! Aunque la voz de artistas de entonces como Pansequito o Rafael Farina se me quedaron grabadas a fuego.

 

¿Alguna anécdota?
Como anécdota recuerdo que la primera vez que mis padres me escucharon cantar profesionalmente fue en el Rincón de Pepe, en un precioso concierto de jazz junto a Pedro Monty y la Coral de Montijo. Mi padre aún tenía esperanzas, así que al terminar me dijo “¿y con el vozarrón que tienes por qué no cantas flamenco?” Yo me reí y le dije, “papá, porque no es lo mío”. Sobre todo recuerdo con emoción a mis padres orgullosos de verme cantar en público   aquella noche de primavera en el Atrio.

 

Siempre le gustó la moda ¿cuál fue su tendencia juvenil preferida?
Antes no había instagram, así que nos mirábamos al espejo para poner caras. Mis gustos con respecto a la moda han estado ligados directamente a mis gustos musicales. Yo me vestía pensando en un estilo u otro dependiendo de mi momento musical. Un día parecía uno de los Depeche Mode, otro de The Cure, otro de Prince... Sobre todo Prince fue el que más me marcó, era tan andrógino, tan excesivo, tan talentoso. Ver a un tío de 1,85 vestido de Prince por Montijo en los 90 resultaba como poco “llamativo”. Solía salir con algunos amigos de Puebla de la Calzada a los que les encantaba el Glam rock e íbamos arrasando por los locales. Había quien se reía de nosotros pero éramos felices jugando a ser grandes estrellas de la música. ¡Y se ligaba, vaya que sí!

 

Desde joven comienza en la radio ¿Cómo fue?
Gracias a las emisoras piratas de aquella época algunos hicimos prácticas delante de un micro sin tener ni idea. Mis amigos siempre me han dado el empuje y la seguridad que necesitaba para hacer cosas interesantes, así que  un día mi amigo Miguel Ángel Gragera y yo nos espetamos en una de esas emisoras de Puebla con un puñado de discos bajo el brazo (Golpes Bajos, David Bowie, Culture Club y alguno más) y una cinta de cassette con nuestras voces presentando discos que grabamos en una mini cadena de mi casa. El que estaba allí nos dijo “aqui no se cobra, lo sabéis no?” pero ¡quién necesitaba dinero si estuvimos presentando discos media hora! Teníamos 13 años pero ya apuntábamos formas.
Años después perpetré algunos programas de humor (con Cristóbal Castillo, sí...) y de música independiente en otra emisora que montaron en el Chalé y ahí francamente me entró el gusanillo. Era mi mundo, estaban los que más sabían de música del pueblo, Pedro Diabolos, Paco el DJ de Mercury, Manolo Torres... recuerdo un programa llamado “Hablando con las paredes” que me descubrió el post punk, a Cocteau Twins, The Smithereens y grupazos que aun hoy escucho, eso sí en Spotify.
Durante el instituto (el Vegas Bajas) estuve trabajando como DJ en verano y como relaciones públicas de la discoteca Urania, allí me tocó presentar fiestas, conducir concursos... un buen día Antonio Ortiz me dijo en el gimnasio de Dimas que estaban buscando a alguien joven para Radio Montijo y que tenía potencial, me presenté entre otros 50 candidatos y... milagrosamente me quedé. Aún llamo a Ana Moreno, mi descubridora, mi madrina en la radio. A tí. Se suponía que yo iba para dibujante, hice alguna exposición, dibujé en algún fancine, gané concursos de carteles...pero aquel día cambié de profesión.

 

De medios privados a públicos ¿cómo entra en Canal Extremadura Radio?
De Onda Cero recuerdo a muy buenos compañeros, Casimiro Oliva, Alfonso Quiñones, Juan Carlos Blasco, Benito Díaz... fueron varios años apasionantes en los que maduré y aprendí. A veces de una forma poco convencional. En  Onda Cero Mérida presentaba y dirigía magazines, hacía entrevistas, siempre intentaba pasarlo bien mientras contaba la actualidad local, regional o cultural. Se me ocurrió presentar uno de mis programas a un concurso que siempre ganaban los más serios y socialmente comprometidos, los del Consejo Asesor de RTVE. Yo hacía programas divertidos, transgresores, algo que nunca creí que valoraran más allá de mis amigos, pero probé suerte y ¡me dieron uno de los premios! Ese día me di cuenta que  el entretenimiento es algo que hay que tomarse muy en serio.


Háblenos de su faceta musical. Sus comienzos...
Los amigotes de Montijo siempre jugábamos a hacer ruido en plan punk. Recuerdo momentos muy divertidos, mi primer concierto fue uno de La Polla Records, fui con Sebas Vivas, Manuela, Eli y Ecilda, todos en ristra a punkear y a bailar pogo llenos de imperdibles y con crestas esculpidas con jabón seco.
Un buen día trajeron a las ferias de Montijo a un grupo muy de moda por entonces llamado Semen Up, tenían un espectáculo un tanto provocador por lo sexual. En el momento de su gran hit “Lo estás haciendo muy bien” el cantante Alberto Comesaña dijo con el micrófono pegado a la bragueta “¿quién quiere cantar?”. Una milésima de segundo después mis amigos me habían catapultado hasta el escenario, me incorporé junto a él y vi por primera vez la imagen de un público desde esa perspectiva. Así que le arranqué el micro de la entrepierna y me puse a cantar yo. Comesaña un poco ojiplático me despidió del escenario como “José Antonio, un futuro cantante”. Pues mira, sí.
Anécdotas aparte mi primer grupo nació en Badajoz, se llamó Nude y conseguimos un puesto atractivo entre los grupos indies en España, fui hasta tres veces a cantar a Contempopránea, salimos bastante en Radio 3, hicimos conciertos por algunos locales míticos de Madrid, Valencia... grabamos un disco con Carlos Hernández, uno de los productores más potentes... pero un día nos tiramos los trastos a la cabeza y se disolvió el grupo. Gracias a este proyecto conocí a Pedro Monty con el que estuve tocando muchos más años, creamos un grupo de jazz L.A. Cool Gallery y perfeccioné mi técnica de canto. La última vez que canté en Montijo fue con él en el Teatro para celebrar mi nominación a mejor actor protagonista de musicales.

 

Fue pregonero en la feria de Montijo ¿le gustó ese reconocimiento?
Siempre bromeo con lo de poner mi nombre a una calle, porque esas cosas solo suceden cuando ya te has muerto. Así que ser pregonero de las fiestas de mi querido Montijo es lo máximo. Aunque hay muchos momentos hermosos que voy atesorando: mi concierto con Bandcover, un grupo de versiones con el que hice un verano de bolos de rock, en el campo de fútbol, allí me reencontré con cientos de rostros de mi juventud que celebraron conmigo una noche de música especialmente bonita e inolvidable. O cuando paseo por la plaza y me voy topando con amigos o gente que me mira con una sonrisa de aprobación y complicidad. Me siento querido en mi pueblo, esa la pura verdad.
 


De la radio salta a la televisión ¿Cómo se produce el cambio?
Gracias a los años de radio que llevaba a cuestas entrevisté a miles de personas, sin exagerar. En la radio, hacer entrevistas divertidas o entretenidas está bien pero en televisión es imprescindible. Yo acababa de tomar mi gran decisión, dejar Extremadura y mi trabajo en Onda Cero para formarme como actor y cantante y tras un año en Madrid me llamaron inesperadamente de Canal Extremadura con una oferta de trabajo para presentar un programa semanal de televisión y el magazine matinal de la radio. Yo la rechacé porque estaba muy concentrado en mi gran salto, estaba estudiando interpretación, canto con Paloma Berganza, dando conciertos en los circuitos de jazz. Pero Juan Valentín Romero y Marce Solís, por entonces jefes de programas de la tele y la radio estaban reclutando a posibles presentadores de otros medios extremeños que conocieran bien la realidad de la región. Ambos son tan cabezotas que al final volví para presentar “El Bimbazzo”, un programa de humor, después vino “La sala eléctrica” (un programa musical que recuerdo con especial cariño) y después mi gran escaparate para Extremadura, “El juego de llaves” un programa concurso que me mantuvo durante tres años en las pantallas de los extremeños a diario a la hora de cenar. También hice colaboraciones el “La tarde de Extremadura” y acabé con un magazine llamado “Visto lo Visto”. Cuando me preguntaban cómo me sentía tan cómodo delante de la cámara desde el principio siempre respondía que la radio me enseñó a ser yo mismo, así no hay forma de estar incómodo.

 

De la tele a los escenarios nacionales...
Cuando cambió el color político en Extremadura cambiaron a todos los rostros de la televisión autonómica así que volví a Madrid a seguir con mis estudios. Hacían castings para Grease el Musical, una producción de gran formato que se convirtió en mi gran oportunidad ya que buscaban a un personaje que estaba hecho para mí, Vince Fontaine, “locutor de radio y televisión, llamativo y seductor, con alto nivel vocal”. Yo les escribí y un alarde de vanidad les dije “No busquéis más, ya lo habéis encontrado”. Me fui a Barcelona a la Escuela de Coco Comín e hice la prueba, nadie había oído hablar de mí jamás, nadie me conocía de nada, pero fueron los 15 minutos más fructíferos de toda mi vida. Cuando me llamaron de producción para decirme que estaba dentro no me lo podía creer. Un mes más tarde me estrené como actor en el Teatro Coliseum en plena Gran Vía de Madrid. Un sueño cumplido. Fueron cuatro años de gira, dos nominaciones  a mejor actor revelación y mejor actor protagonista y el mayor premio, cantar en los mejores teatros de Madrid, Barcelona y de toda España. El Falla de Cádiz fue espectacular por ejemplo, me paraban por la calle diciendo “pisha tú ere un mostro”, eso siendo carnavalero como yo, es decir mucho. Y compartir escenario cada noche con Edurne, Jordi Coll... ha sido enorme. ¡Incluso con Julio Iglesias Jr, que formó parte de la compañía durante un par de meses!
Después de Grease vinieron muchos otros musicales y obras de texto hasta hoy, que recientemente he acabado temporada en Barcelona con el musical Moustache en el teatro Apolo del mítico Paralelo.

 

Se siente cantante, actor... showman?
Me siento como un cocinero que unos días prepara cocido y al día siguiente sushi. Por suerte, la vida me ha enseñado a hacer muchas recetas diferentes. Un hombre del espectáculo que vive desde el escenario y para el escenario y mientras sienta ilusión seguiré poniendo toda mi energía en cada proyecto, ya sea musical, teatral o en los medios de comunicación.

 

Y de Madrid a Mérida... al teatro romano en su Festival Internacional. ¿Qué sintió?

Yo que hablo por los codos, cuando me llamaron para ofrecerme entrar en La bella Helena de Ricard Reguán, me quedé sin palabras. Yo que había estado en todos los teatros de España me di cuenta de que el que me faltaba era el mío, el Teatro Romano. Todo está pasando muy deprisa pero sé que voy a disfrutar de esto con mis cinco sentidos.

 

Háblenos de la obra ¿Cuándo podremos verla?
La Bella Helena es una opereta, un divertidísimo musical de Offenbach, considerado el primer musical de la historia, adaptado a nuestros días y que será sin duda uno de los bombones de esta edición para el público. Yo interpreto a Zeus y al rey Agamenón. Por cierto, sé que Montijo pone autobuses para ver la obra así que, os animo a que vengáis a verme al Teatro Romano la primera semana de agosto.

 

Su familia es muy importante en su vida ¿los visita con frecuencia?
Sí, intento ir siempre que mis compromisos me lo permiten. A veces es difícil, pero otras estoy desayunando tostadas con refrito en la plaza con mi hermana y mi sobrina cada dos semanas.

 

¿Su mejor trabajo?
Sin duda, lo que está por venir. A finales de este año estrenaré algo muy especial sobre una obra de Oscar Wilde. Estoy muy ilusionado.

 

¿Algún sueño por cumplir?
¡Claro! Volver a quedarme en una talla 38. Bromas aparte, seguir creciendo y hacerme muy viejo trabajando y riéndome con Marcelo, con un pelo estupendo como mi abuelo y con la sensación de que esta fiesta mereció la pena.

 


NOMBRE: José Antonio Moreno Delgado
EDAD: La que diga mi representante. Entre 20 y 50.
NACIMIENTO: Badajoz, donde estaba el Materno infantil.
ESTADO CIVIL: Casado.
RESIDENCIA: Madrid.
UN LUGAR PARA VIVIR: Nueva York.

UN LUGAR PARA PERDERSE: Lisboa.
UNA COMPAÑÍA: Mis amigos del barrio tomando un vinito.
UNA LECTURA: Terenci Moix me hace feliz.
UNA MÚSICA: Morrisey, Sondheim, Sam Smith y Mel Brooks.
UN HOBBY: Restaurar muebles. No se me da nada mal.
UN SUEÑO: Estudiar Historia del Arte. Ser un gato.

 

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