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Manuel García Cienfuegos
Martes, 6 junio 2017

El circo Krone

Hay una película dirigida por el norteamericano Ceci B. de Mille, titulada “El mayor espectáculo del mundo”, fue rodada en los inicios de los años cincuenta del siglo pasado. Su argumento cuenta las vicisitudes de la vida del circo, con pasiones e historias que se entrecruzan bajo la máscara de un payaso, el director del circo y una pareja de trapecistas, que encarnan cuatro buenos actores del momento.

El archivo de la memoria llama y busca aquellos circos que vinieron. El circo Borza fue de los primeros, pues se sabe que en 1928 se instaló por primera vez y luego muchos años más en la plaza Cipriano Piñero. Su director era Humberto Borza, que era italiano y todo un personaje singular. Adriana Cabella, su mujer, italiana como él, actuaba también en el circo y su hija Adelina, que con su corcel hacía sonar las castañuelas al son de la música. Humberto disponía de la facultad de domesticar a cualquier animal en brevísimo plazo. En su circo no existían fieras, sino animales comunes que colmaban de sorpresa a los espectadores que quedaban embobados al haber sido testigos de hechos prodigiosos. Cuentan que una noche de feria el Circo Borza sufrió un incendio.

A mediados de los años cincuenta llegó el Circo Francia, al menos en dos ocasiones, en la carretera de la Estación, cerca del transformador eléctrico, que ofrecía las sensaciones más espectaculares que pueden imaginarse, presentando a la simpática mona Chita, la auténtica de las películas de Tarzán, y cien artistas de todos los países bajo el gran toldo del circo que contaba con un zoo. Otro de los circos con fama y prestigio fue el de los Hermanos Segura, que presentaba el número de la escalera de la muerte. Se instalaba detrás de la iglesia de San Pedro, en el que actuaba Pinito del Oro, que se convirtió en la más famosa trapecista del mundo, junto con, entre otros, el ilusionista-prestidigitador, Conde Tarray.

En junio de 1980 llegaron las enormes piernas de Bárbara Rey, que decoraban la entrada del Circo Ruso de Ángel Cristo, con sus leones gigantes, que se instaló en los terrenos donde hoy está el colegio Virgen de Barbaño, entre el Instituto y el barrio conocido como las ‘Casas Nuevas’. Durante los días que estuvo aquí falleció el joven árabe Machchovui Admai, empleado del circo, siendo enterrado en el cementerio, en una tumba en el suelo. Otros de los circos fue el Olimpia, en el que actuaba el hombre de goma y el payaso poca ropa. Tres montijanos trabajaron en la parte musical en el Circo Atlas de los hermanos Tonetti, Manolo Campos, Carlos Arias y Evelio Bautista. A finales de los años ochenta también llegó el Golden Circus, y otros muchos más.

He dejado para el final al Circo Krone que se instaló en la huerta de Cacarolo, en la zona en la que hoy comienza la Avenida de Colón, frente a la piscina Cavi, hoy El Fogón. Los elefantes y camellos, entre otras fieras, los llevaban a beber a la alberca de la huerta. El circo se trasladó días después a Badajoz con motivo de la Feria de San Juan de 1967, donde la avioneta que lo anunciaba cayó envuelta en llamas en el barrio de Pardaleras, en el arroyo Rivillas. Falleció en el acto el piloto, José Rodríguez Gilavert, de veintiocho años, que era de Santander, y Luis Vicente Luna Milla-González, de veintiséis años, natural de Catarroja (Valencia), muriendo cuando iba a ser intervenido en el quirófano. Luis Vicente era uno de los payasos, que junto a su padre y hermano formaban el trío “Vicent, Pipo y Choly”. El Circo Krone en señal de duelo suspendió su inauguración. Ahora, en junio, se cumplen cincuenta años de aquel terrible accidente que segó la vida de dos jóvenes, cuyos restos descansan en el cementerio pacense. Un día después de aquel trágico accidente se inauguró la nueva Plaza de Toros de Badajoz.

 

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