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Elisa Martín Crespo
Última actualización Domingo, 7 mayo 2017 08:28
Jueves, 4 mayo 2017

Navegar en tempestades

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Me parece muy certero el consejo de Álvaro Bilbao cuando nos advierte que, si queremos hijos felices, tendremos que enseñarles a navegar en tempestades. Y, sobre todo, es inquietante escucharlo en estos tiempos en que la tendencia es justo la contraria. La deriva ha llevado a padres y madres de nuestra sociedad a una sobreprotección que trata de evitar que los retoños tengan el menor contratiempo, ni físico ni mental, no sea que salgan traumatizados de la experiencia. Con la mejor intención, no cabe ninguna duda. Pero, según cuenta este neuropsicólogo, ante una complicación, una parte del cerebro detecta una situación peligrosa y otra parte se pone en marcha para enfrentar ese peligro. Si en ese momento, por medio aparecen los progenitores, cual caballero andante, lanza en mano, dispuestos a aniquilar al enemigo y acaban con él, lo único que le queda al niño en su cabeza es el miedo. Y la duda sobre si, ante otro peligro, tendrá capacidad para enfrentarlo o deberán venir en su auxilio otra vez. Una forma muy explícita de explicar lo que ya sabemos: que los errores y los tropezones nos hacen aprender y adquirir herramientas para la vida.

 


En la misma línea están hoy algunas corrientes filosóficas que aseguran que vivimos en una paradoja, pues estamos en la sociedad del individuo pero, curiosamente, el individuo es cada vez más débil. Y, entre otras cosas, se apunta al aprendizaje: hoy en día, educamos a los niños de forma blanda, queremos que sean felices y no les preparamos para la difícil realidad que tendrán que enfrentar en unos años. Un futuro que ha tomado unos derroteros imprevisibles, pues nadie puede predecir su rumbo, al ritmo vertiginoso en que todo va cambiando. La sociedad de hoy es volátil y ambigua. Las tradiciones tienen cada vez menos peso, la tecnología revoluciona todo el panorama y tendremos que reinventarnos en casi todo, desde el trabajo a las relaciones, desde la política a la alimentación. En este mundo inconstante, hace falta fuerza y creatividad. Y esto solo se consigue con cierta práctica y con la mente muy despejada.

 


Disfrutar del presente, eliminar incomodidades, huir de la autocrítica, buscar el placer y descartar la paciencia son algunas de las pautas que ahora marcan nuestra vida y la de nuestra prole. Pero, en los últimos años, nuestro país ha triplicado la venta de antidepresivos y presentamos uno de los consumos de ansiolíticos y somníferos más elevados de Europa. Algo falla. Puede que tengamos que dejar a nuestros hijos comprobar que son mucho más fuertes de lo que ellos creen. Quizás así, aunque nos cueste creerlo, estarán más cerca de la felicidad

 

 

Elisa Martin, periodista y coach certificada

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