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Elisa Martín Crespo
Última actualización Miércoles, 5 abril 2017 14:00
Martes, 4 abril 2017

Una bicicleta con alas

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Realmente, solo hay que echar un vistazo a nuestro alrededor para darnos cuenta de que, lo que a veces se nos antoja un imposible, ya lo han hecho cientos personas. Es decir, que caemos en aquello de negar la evidencia. Basta pensar en la forma en la que ha transcurrido la evolución. Hace unos miles de años, nuestros antepasados para alimentarse, corrían en grupo, porra en mano, persiguiendo a los animales y ahí empezaba la ardua tarea de alimentarse cada día. Hoy, los estudiosos del marketing nos manejan poniendo luces de distintos colores en los lineales de los supermercados para que la mano se nos vaya sola a la bandeja de la ternera. Es decir, que la comida nos elige a nosotros, en lugar de tener que perseguirla por esos mundos. Y si hemos conseguido pasar de las cavernas al momento neuro-tecno-electrizante de ahora... ¿Cómo es que, a nivel individual, nos quedamos atascados en lo más tonto?. El abuelo neardental se reiría a mandíbula batiente si nos viera y tendría que recordarnos todo lo que hemos conseguido.

 

Muchas veces pienso en la mente de los inventores, de los investigadores, de los conquistadores....de todos aquellos que son inmunes al desaliento y que han conseguido que el mundo vaya cambiando. Esas personas que tienen la certeza de que algún día llegarán a lograr lo que se han propuesto. ¿De qué manera se hablan a sí mismos?¿Qué se dicen cuando encuentran un problema, un inconveniente, un obstáculo?. Imagino que se caen y se levantan una y otra vez, sin compararse con nadie, sin pensar que los errores son fracasos, controlando los miedos, dándose a sí mismos palabras de ánimo y de consuelo, utilizando todos sus recursos para lograrlo,... ¿Qué es lo que ven, que los demás no vemos? Mientras, al común de los mortales nos cuesta no digo hacerlo sino... ¡soñarlo!. Inténtalo. Trata de soñar con algo que te gustaría conseguir por ti mismo, a ver qué pasa. Probablemente, tú solo te bastas y te sobras para encontrar todas las pegas.


Me encanta, por ejemplo, la historia de los hermanos Wrigth, que alrededor de 1900 se empeñaron en volar. Literalmente. Orville y Wilbur tenían un taller de bicicletas en un pequeño pueblo de EEUU y, a base de tesón, un día consiguieron que un artefacto hecho con un armazón de madera cubierto de tela se elevara del suelo sin caerse durante 12 segundos y después aterrizara. Fue el primer vuelo de la historia y los aviones actuales siguen todavía la estela abierta por este invento. Personas normales que consiguen cosas extraordinarias con la proeza de manejar su cabeza. Será que, como decía Buda, todo lo que somos es el resultado de lo que hemos pensado. No estaría de más que, de vez en cuando, nos montáramos en una bicicleta con alas.


Elisa Martin, periodista y coach certificada

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