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Lucas Navareño Miura
Última actualización 14:32
Martes, 4 abril 2017

El jardín del Emperador

Recuerdo con mucho agrado lecturas de la infancia que posteriormente me han servido y me sirven, como comparativa en muchos aspectos de la vida. Mi padre, nos leía en clase una lectura que solía durar no más de un par de minutos y que correspondían a fábulas y cuentos tradicionales con su moraleja. Durante el fin de semana teníamos que recordar lo que habíamos leído y el lunes, cuando volvíamos a tener clase, llevábamos un resumen en el que teníamos que aportar el máximo de detalles de lo que habíamos escuchado. Era una magnífica forma de trabajar la Comprensión Oral de la que tan resentidos se encuentran nuestros alumnos y que tan escasamente trabajan hoy en día ya que, apenas si se contempla en los actuales métodos de aprendizaje a los que nos obliga la administración educativa, esos que nos mantienen en mediocres puestos a la hora de comparar a nuestros alumnos, con los de los países cercanos (conste ante todo, que no me gustan las comparativas, pero a veces, es la mejor manera de saber si estás haciendo bien las cosas, y de tomar medidas para facilitar el mejor aprendizaje).
Uno de las lecturas que más se me quedó grabada por la plasmación con la cruda realidad es la de un cuento que si mal no recuerdo se llamaba el jardín del emperador. Relata el cuento una boda del emperador de Japón que invita a toda la corte a su ceremonia, la cual se va a alargar durante varios días. El encargado de los jardines del palacio, se entristece ya que no tiene a quien dejar al cuidado del recinto para poder asistir a la boda.
Un grupo de monos que vivían en el jardín viendo la pena del jardinero, lo convencieron para quedar ellos cuidando y regando las plantas y así, permitir al jardinero asistir a las celebraciones de la boda.
Marchado el jardinero a la ceremonia, los monos comenzaron a cuidar el jardín, y como no tenían claro el agua que necesitaba cada planta, la arrancaban para ver la profundidad de las raíces y así no derrocharla.
Un anciano que pasaba por allí y al que no le interesaba la ceremonia, al ver el destrozo que estaban causando, intentó detenerlos, pero al ver que no deponían en su actitud, los dejó pensando en voz alta: “hay que ver la de insensatos que nos rodean a los que se les permite de una u otra forma  destrozar lo que tanto trabajo costó construir...”
Y es que todo cuento tiene su traslación a la realidad y este en concreto, me trae a la memoria la tala de árboles de forma indiscriminada que se ha hecho a la entrada de Puebla de la Calzada y en la que se podían haber tomado otras medidas bastante más razonables a las que directamente se han tomado para que el acceso a la localidad continuara siendo igual de seguro.
lucas.miura@gmail.com

 

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