Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies

Manuel García Cienfuegos
Sábado, 1 abril 2017

Ultramarinos y coloniales (III)

Marcar como favorita

Ultramarinos y coloniales. No tenían nombre comercial, todos eran comercio de… casa de… anca de… Extensa y hermosa nómina de aquellos establecimientos de mediados de los años cincuenta, en plena expansión del regadío, cuando se construía el entramado de canales y acequias que buscaban inundar de fertilidad las tierras de una y otra orilla del Guadiana, que poblaron hombres y mujeres que llegaron, junto con sus familias, principalmente, de otros lugares de la geografía extremeña y andaluza. Os dejo la lista.

Almacenes Serrano S.R.C, coloniales al por mayor. Antonio Serrano Marín, ultramarinos finos. Pedro Rodríguez Bautista, ultramarinos, elaboración de pan; central en Montijo, sucursal en Guadiana del Caudillo. Mariano Aunión Rodríguez, comestibles. Alfonso Merino Gragera, ultramarinos finos. Julio Gragera, ultramarinos. Manuel Reyes Díaz, Ultramarinos. Tomás Gragera Rodríguez, coloniales, embutidos y quesos. Manuel Gómez Núñez, ultramarinos. Pedro Gragera Rodríguez, coloniales y embutidos, especialidad en jamones. Pedro Gragera Hernández, ultramarinos. Máximo Román Maqueda, ultramarinos. Antonio Amador Santos, ultramarinos, especialidad en jamones. Casa Isaac, ultramarinos. Antonio Gómez Núñez, ultramarinos. Juan Vivas Martín, coloniales. Ángel Delgado Delgado, comestibles. Vicente Barril Sánchez, comestibles finos. Francisco Gragera Rodríguez, ultramarinos, especialidad en jamones y embutidos. José Cano García, ultramarinos. Enrique García Camello, Fonda Enrique, fonda y ultramarinos. Inés Gutiérrez, ultramarinos. Telesforo Soltero Concepción, coloniales y vinos, exportador de aves, caza y huevos. Agustín Rodas Bautista, chacinería y comestibles finos. Elías Rodríguez Guerrero, comestibles “El Barato”. Juan Reyes, ultramarinos, tripa y pimentón. Alejandro Gragera Hidalgo, coloniales y embutidos. Juan Domínguez, ultramarinos. Al leer esta extensa nómina, por un momento, parece que regresa el papel estraza para los cartuchos donde es envolvía todo y sobre el que se hacían las cuentas. La seriedad de la báscula Mobba, las latas de conservas y los olores a queso, chacina y bacalao. Junto con aquellas batas de color crudo que utilizaban para trabajar y despachar estos comerciantes.

Me quedo, por estar en los territorios de mi infancia, con los ultramarinos de Manuel Gómez Núñez, en la calle Reina María Cristina esquina a la plazuela de Alfonso XIII. Con el de Inés Gutiérrez Rodríguez, en la calle Virgen de Barbaño, el de Maxi Román Maqueda, en la calle Reyes Huertas, y el de Juan Domínguez en la esquina de Reina María Cristina con Virgen de Barbaño. Tiendas que dieron el jornal a estas familias y de comer a mucha gente. Claro que no estaban breados ni había tanto ahogo y asfixia con los impuestos como existe ahora. Todos ellos te procuraban animada conversación, alabando las novedades, propiedades y delicias del género comestible, junto con las preocupaciones y alegrías de la vida. Tiendas que hace años entonaron el gori gori, amén. Ahora, en la vida de los barrios, tras el impacto de las grandes superficies, han aparecido los ultramarinos para los olvidos.

Así mueren las cosas, el brasero de picón y la badila ¡Con la ropa que han secado encima de una alambrera! El reclinatorio, la matraca y el púlpito. La talega de tela de lienzo moreno para transportar el pan. La petaca y el carburo. La plancha de hierro, alimentada y caldeada por el carbón. El almidón en las camisas. El burro con serones. El baño de zinc. El molinillo de café. En nuestro pueblo, la historia se va haciendo materia, cada generación añade o destruye algo, y así, su apariencia parece ir cambiando como un ser vivo que cuenta su vida, porque somos hijos e intérpretes de nuestro tiempo ¿Y el sillero? ¡No! el sillero se ha hecho tapicero. “Niña, el tapicero”. Hasta los sillones de escay se forran, chacha.

Crónicas de un Pueblo • Términos de usoPolítica de PrivacidadMapa del sitio
© 2017 • Todos los derechos reservados.