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Última actualización 19:28
Viernes, 3 marzo 2017

La calle Félix Valverde Lillo, una cicatriz en el corazón de Mérida. (Segunda parte)

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Es entonces cuando en 1927 se decide abrir la calle Camilo José Cela, que se llamaría en un principio calle Alfonso XIII, con la siguiente justificación: “arteria con dirección NE-SO, que es la más importante porque ha de recoger el movimiento que, procediendo de la carretera general de Madrid y de la estación de ferrocarril, vaya al centro de Mérida o continúe buscando el puente para tomar las carreteras de Badajoz y Sevilla” (proyecto de nueva vía entre las calles Pérez Hernández y Delgado Valencia. Archivo Municipal de Mérida).

 


Anteriormente a esta fecha ya hubo un primer intento de llevar el trafico por el centro de la ciudad en 1862, aunque afortunadamente se desechó al trazarse la nueva travesía de la carretera Madrid-Badajoz que entraba por el puente romano y en un primer momento se pensó en hacerlo discurrir por la calle del Puente, Plaza de España y calle Santa Eulalia. Con acierto se decidió después una segunda solución que se realizó por las calles Morería y Almendralejo.

 


Han pasado los años y nos encontramos con que la falta de previsión de pensar en el futuro a la hora de plantear esta nueva vía urbana, como ya hemos comentado, nos han llevado a tener una calle que actualmente no absorbe la demanda que ocasiona el masivo tráfico rodado y peatonal.
Es momento de replantearse la relación de la ciudad y sus habitantes y comprender que la fisonomía del casco urbano de Mérida no puede absorber los flujos que se ocasionan y que aumentarán con el tiempo.

 


El centro de Mérida hay que plantearlo desde la perspectiva del peatón, que es el que debe recuperarlo al ser perfectamente abarcable por él.

 


Se tendrá que ir abandonado la idea de encorsetar la funcionalidad del centro de la ciudad por el factor del tráfico rodado y devolver el uso y disfrute del corazón de la ciudad a los flujos peatonales de una manera dominante y que muy excepcionalmente se hagan compatibles con mínimas incursiones de tráfico rodado muy justificada e imprescindible.

 


Por esta razón la calle Félix Valverde Lillo nunca debió de abandonar la condición por la que fue concebida. Debe volver a tratarse de un viario urbano que permita entrar y salir del corazón de la ciudad pero no atravesándolo con un excesivo tráfico rodado. Debe tener una clara preferencia el peatón frente al vehículo que es realmente la escala desde la que se puede hacer funcional esta calle.

 


Debería tener en toda su extensión plataforma única, donde desaparezca los acerados laterales y la calzada y esté todo al mismo nivel para, con el mobiliario urbano oportuno y la eliminación del estacionamiento de vehículos, poder ser disfrutado por el viandante a la vez que se hace compatible con el tránsito rodado puntual de los residentes de la zona que acceden a sus viviendas, los huéspedes del hotel y la carga y descarga que tendría acceso limitado la zona y horas de estacionamiento. De esta forma se completaría los pasos dados con la peatonalización con plataforma única de la Puerta de la villa, Cervantes y calle Delgado Valencia, Calle Cárdenas y Plaza de la Constitución, calle Berzocana y calle Pontezuela, calle San Salvador y parte de la Plaza de España, llegando a cerrar un círculo al que nos acostumbremos a acceder y transitar a pie.
La ciudad debe estar en constante evolución dando en cada época la mejor respuesta con la que poder optimizar su utilización por sus habitantes.

 

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