Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies

Última actualización 19:27
Viernes, 3 marzo 2017

Música y dieta

Cuando muchos nos preparamos para iniciar una dieta, me doy cuenta de las semejanzas existentes entre la comida y la música. Por ejemplo, un aperitivo pretende estimular, y un plato fuerte aspira a alimentar; el postre pretende ser una grata reflexión, para despedir a los comensales.

 


Ocurre así, que a veces el banquete musical está formado exclusivamente por platos fuertes, como suele ocurrir en los programas de las orquestas sinfónicas. Igualmente hay mucha música que no requiere una atención especial para gozarla, como en los conciertos “pop-pulares”, que casi no hay más que aperitivos y postres, que no exigen el entendimiento necesario para escuchar música de gran peso y complicación, pues lo que se pretende es entretener con el menor esfuerzo por parte del publico. Comparar el valor de ambas músicas es absurdo. Como lo es comparar un pollo con patatas con un helado de nata y chocolate. Dependiendo del  gusto y del momento, se elegirá entre una cosa u otra. Después de todo, no existe ningún tipo inaceptable de música: tan solo ejemplos, de diferentes calidades, desde lo bueno hasta lo menos bueno, en cada género.

 


Honrar todas las clases de música sin falsas pretensiones de comparaciones ilógicas es gozar conforme nuestra naturaleza dicta de una buena salud musical, lo mismo que, una dieta variada, rica y equilibrada nos brindará una buena salud. Claro que, el destino de una pieza de música, aunque básicamente está en manos del compositor y del ejecutante, también depende de la actitud y de la capacidad de los oyentes. Igual que pasa con la comida, que, por muy buena que sea, si no tenemos hambre, en nada se queda. Los músicos sabemos por experiencia que la misma música con los mismos ejecutantes pueden ser recibidas de muy diferente manera por distintos públicos. La calidad de la música está, claramente, a merced de la calidad de los oyentes. Es por eso que la aventura de aprender a escuchar la música es uno de los grandes goces del contacto con este arte. Más allá de la lucha del top manta o la música por internet, conseguiríamos más cosas desarrollando nuestra capacidad para escuchar música desde la experiencia y el aprendizaje. Que como oyentes no nos contentemos sólo con meternos en un baño emocional, porque esos sonidos están organizados, y además, estamos recibiendo otra intelectual.

 


Ahora que nos acercamos a la primavera, y queremos ponernos en forma, no estaría mal que también empezáramos con “dietas musicales”. Basta sólo con escuchar música cuando estemos en casa o en el trabajo. Prestar atención a los elementos musicales que aparecen en películas, anuncios, programas de T.V... y por supuesto, acercarnos a un concierto y escuchar música en vivo y en directo.

 


MUCHO ÁNIMO CON AMBAS DIETAS, SEGURO QUE AL FINAL EL ESFUERZO HA MERECIDO LA PENA.

Crónicas de un Pueblo • Términos de usoPolítica de PrivacidadMapa del sitio
© 2017 • Todos los derechos reservados.