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Última actualización 19:23
Viernes, 3 marzo 2017

Las herencias, calvario de enfrentamientos

El Cantante Jorge Cafrune definió la palabra  “herencia” de una forma hermosa y con mucha sabiduría: “Yo quisiera que mis hijas aprendan a defenderse, a entender a una futura sociedad más justa. Que sepan no hacer diferencias entre la gente, que quieran, que respeten al semejante. Esa es la herencia que les voy a dejar: concepción social del mundo en que viven. Que sean gente bien, ni ricos ni pobres, sino buenos. Que sepan dar, que sepan hacerse querer”. Qué sabias palabras y por desgracia, que pocas veces se corresponden con la realidad porque en la vida real, no hay mayor motivo para destrozar una familia que una herencia. Es triste y sobre todo vergonzoso que la muerte de un ser querido, que debería ser un momento de unión de la familia, se convierta en un calvario de enfrentamientos y descalificaciones y todo por el reparto de la herencia. Se destruye una familia por un puñado de dinero, una casa que la mayoría de los casos está inutilizable o unas tierras que ni siquiera vas a hacerlas producir. No se analiza lo importante que es una familia y lo poco que valen las cosas materiales. Si realmente analizamos lo que te puede tocar de una herencia, nos daríamos cuenta que no merece la pena enfadarse por ello porque, no olvidemos, que las cosas materiales solo duran lo poco que puede durar una vida.

 


Todos criticamos las actitudes egoístas y ambiciosas que se remueven junto a las herencias pero tiene que ser muy difícil evitar estas situaciones porque la mayoría de las personas entran en este juego, sobre todo,  cuanto se forma parte del grupo en el que hay que repartir. Un dicho dice: “Si una familia se lleva muy bien, seguramente es porque aún no han heredado”.  Realmente triste pero es así y lo resumía muy bien el abogado Alejandro Ebrat en una frase: “Nada rompe más familias que las herencias”.

 


Es triste como hay personas, sobre todo ancianos, que están desatendidos, con falta de cariño, prácticamente olvidados y el día de su fallecimiento, todos como buitres, valorando las pertenencias y reclamando su parte ¿Por qué no se han repartido también todos esos momentos de necesidad de amor que tenía la persona que ha fallecido?

 


Yo me siento realmente afortunado porque mis padres al morir no tenían nada, absolutamente nada y por lo tanto, nada tuvimos que repartir, ni dinero, ni casa, ni tierras y las broncas entre hermanos, por la herencia, nunca existió.

 


Sinceramente, no merece la pena destrozar una familia por una herencia. Un núcleo familiar, formado por la misma sangre, es más importante que todas las herencias del mundo. Además, si lo analizas fríamente ¿Qué te va a quedar después de tener que pagar el impuesto de sucesiones? ¿Merece la pena dejar de hablarte con un ser querido?... yo creo que no.

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