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Última actualización 18:55
Viernes, 3 febrero 2017

¿Sabes cuál es tu habilidad?

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Cuando Bart Conner se pasaba las horas haciendo el pino y caminando con las manos por los pasillos de su casa, con una gran destreza, tuvo una suerte inmensa: que su madre lo mirara con ojos de respeto, de cariño y con la mente abierta. Porque con esa forma de mirar descubrió que su hijo tenía una habilidad singular. Lo apoyó y le dio los medios para que la desarrollara. El destino puso en su camino a una persona que no estaba atrapada en expectativas de lo que esperaba para su hijo en el futuro, o en sus propias frustraciones que le llevaran a exigir a su hijo lo que no se había exigido a sí misma. La madre de Bart demostró que tenía amplitud de miras al darse cuenta de que si el chaval tenía una destreza que sobresalía de los demás, eso era lo primero que había que potenciar. Y en lugar de perseguirlo para que dejara de “hacer el tonto y perder el tiempo” o de quitarlo de los pasillos para que se sentara delante de los libros, cómo hubiera sido lo normal, cambió a su hijo de colegio, de ciudad y lo llevó a un centro especialista en gimnasia acrobática. Entre todos consiguieron que esa habilidad se desarrollara hasta llegar a ser uno de los principales gimnastas de Estados Unidos, con medallas en todos los niveles de categorías y culminando en el pódium de los Juegos Olímpicos. Con los años, se casó con una de las mayores atletas de todos los tiempos, Nadia Comaneci, iniciando con ella interesantes proyectos solidarios. Además, tiene su propia productora, es comentarista deportivo de gran prestigio y da conferencias de motivación dirigidas a jóvenes. Es la historia de una persona que ha desarrollado todo su potencial partiendo de una mirada.  

 


Muchas veces recuerdo esta historia que escuche de Ken Robinson, un auténtico abanderado de la creatividad. Y la tengo presente, especialmente, en mis cursos de Hablar en Público, cuando veo talentos en muchos de mis alumnos que ellos se empeñan en negar. Algunos tienen una gracia innata o una forma de narrar que atrapa la atención o buen vocabulario o una comunicación no verbal atractiva.. y otras muchas habilidades que percibimos los que escuchamos. Pero creo que hay una falta general de autoestima y de seguridad que tiene a muchas personas atrapadas en imaginarios errores, poniendo el foco en aquello en lo que supuestamente fallan, aferradas a un dañino perfeccionismo... pasando por alto cuáles son sus fortalezas para potenciarlas y sacarles partido. Me sobrecoge pensar la responsabilidad que tenemos  los padres y los profesores en estos procesos. En los ciegos que llegamos a estar, dominados por las exigencias propias, las del sistema y las de la sociedad que nos impiden ver lo que vio la madre de Bart: el diamante que su hijo tenía dentro. Miremos a los niños con ojos de cariño y así les enseñaremos a quererse a sí mismo. De verdad que hace mucha falta.

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