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Última actualización 18:53
Viernes, 3 febrero 2017

Para dos días que vamos a vivir

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Cuando entramos en un nuevo año todos hacemos un repaso a lo conseguido en el año anterior y claro, nos encontramos que no solo no se han cumplido sino que apenas recordamos los objetivos propuestos. Eso sí,  lo que  hacemos es articular una serie de propósitos personales totalmente convencido que en el nuevo año vamos a cumplir. Y empezamos a soñar... “Voy a ponerme en forma, iré al gimnasio tres días en semana” Y así comienza el año, los lunes, miércoles y viernes a dar saltos pero a medida que van pasando los días empiezan los compromisos, las disculpas, la falta de tiempo... en marzo, como mucho, ya has abandonado... Si volvemos hacía atrás, otro de los grande propósitos del año nuevo es perder peso y después de Reyes, concretamente el día 7 de enero, comienzas la dieta ¡a rajatabla!, grabándote a fuego en la mente frutas y verduras. ¡El 20 de enero ya has llegado a la conclusión que la lechuga es para los grillos y lo celebras con un buen bocadillo de chorizo rojo, eso sí, antes de darle el primer mordisco ya te has mentalizado de esa frase eterna a la que todos recurrimos: “Para dos días que vamos a  vivir”, pensar esta frase y zamparte el bocadillo es todo una.

 


Siguiendo con los propósitos del nuevo año no pueden faltar expresiones como estas: “Voy a dejar de fumar”, “voy a dejar de beber” y lo justificas con los precios tan desorbitados que tienen estos “pequeños vicios”... en febrero, con la llegada de los carnavales bebes de nuevo como un cosaco y fumas más que un carretero y como siempre tenemos a mano la consabida frase: “para dos días que vamos a vivir...” olvidamos nuestro compromiso.

 


Otro de los propósitos clásicos en estas fechas es cómo mejorar tu salud y enseguida se te pasan por la mentes un montón de alimentos a los que tachas con una cruz imaginaria para que no formen parte de tu vida: comida rápida, entremeses, frituras, bollería, carne.. pero no aguantas ni un par de meses porque llega el carnaval y en el Entierro de la sardina te ponen de panceta hasta el culo y lo haces conscientemente porque... “para dos días que vamos a vivir” y encima se lo argumentas a los que te rodean: “fíjate en fulano con todo lo que se cuidaba y le ha dado un infarto, comiendo con un poco de conocimiento no hay problema”.  Y claro, otro objetivo tirado por la borda

 


Con todo esto llegamos a la conclusión que los objetivos que nos marcamos cuando comienza el año rara vez se cumplen. Somos conscientes de ello y volvemos a marcarnos los mismos deseos del año anterior y así, año tras año. Seguiremos soñando que en el nuevo año todo será distinto y si no fuese así, al menos, siempre podemos recurrir a nuestra frase maravillosa: “Para dos días que vamos a vivir...”.

 

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