Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies

Última actualización 18:51
Viernes, 3 febrero 2017

Ultramarinos y coloniales (I)

Marcar como favorita

Nuestras madres acudían a las tiendas de la época, que entonces se denominaban: “Ultramarinos y coloniales” ¡Casi nada! ¿Cómo definir estos establecimientos? ¿Memoria de posesiones coloniales en ultramar? ¿Géneros o comestibles traídos de otra parte del mar? ¿Productos finos del Reino y Ultramar? Además, fíjense cómo su definición se complica: “Ultramarinos finos”, “Comestibles finos y chacinería”, “Coloniales al por mayor”, “Ultramarinos y paquetería”, “Coloniales y vinos”, “Coloniales y embutidos. Especialidad en jamones”, “Coloniales y paquetería”.

 


¿Recuerdan sus olores? A sardinas, a pimienta, chacina, tocino de veta, a pepinillo en vinagre, a conservas, a especias, a queso, a café de estraperlo, a pan recién hecho… Olores y recuerdos que se van, pero que también vuelven.

 


Eran pequeños establecimientos, cada calle casi tenía uno. Nada más traspasar el umbral, te enfrentabas con el mostrador, quien en su parte baja, un par de estantes protegidos por un cristal, exhibían las novedades y ofertas alimenticias del momento. Sobre él, imponiendo respeto, un cuchillo grande a modo de guillotina para cortar el bacalao. En el medio, la báscula Mobba, en la que fijábamos nuestra mirada cuando echaban sobre su plato el género adquirido. “Tanto no, sólo quiero tres cuartos”. “Va bien despachao y bien pesao”.

 


El mostrador acogía también al barreño de las aceitunas, la barrica de madera de las sardinas arenques y una máquina desde la que se expendía aceite a granel. Su escanciado nos proporcionaba afinidades a una gasolinera en miniatura.

 


Sobre un lateral un montón de papel estraza, que ejercía un oficio solidario y encomiable, ya que por su gentileza se envolvía todo con paciencia y oficio. Se envolvía la harina, el azúcar, la sal, las alubias, los garbanzos, el café, los fideos… Dos eran las formas de hacer los envoltorios, una más dificultosa, la otra en forma de cono, como un capirote de nazareno. Aún todavía los vemos cuando llega noviembre, con los primeros fríos, conviviendo con el humo de los puestos de las castañas asadas, o envolviendo los camarones en la playa y en la feria. Hasta que llegó el cartucho de un papel más consistente, con la publicidad serigrafiada del establecimiento. Después el plástico, el papel de aluminio y el envasado al vacío.

 


El papel de estraza era el libro de cuentas. El dependiente, cogía su lapicero sujeto en la oreja y te decía sobre el papel, a veces pringoso, la cuantía de lo que te llevabas para preparar la comanda. Siempre había cambio, a pesar de que en aquella época circulaban la perra gorda y la chica. Como era época de escasez se fiaba ¡Apúntalo que a final de mes…!

 


Ceremoniosamente el comerciante sacaba su “Dietario” y aunque había confianza y credibilidad con la clientela, el hecho no estaba exento de una preocupación interior ¿me lo pagará? ¡Sí, es buena persona, formal y seria! En el Dietario se concentraba el activo, el pasivo y la cuenta de pérdida y ganancias. Era la contabilidad de los trabajos, las faenas y los desvelos. Allí bajo el apartado “Deudores a corto plazo” se escribía el nombre, día y el importe. Al saldar lo “fiao” la confianza era plena, bastaba con una tachadura sobre lo escrito, bajo una reflexión cierta: “Como no me lo vas a pedir y yo no te lo voy a pagar, pues eso, quedamos en paz”.

 


Ultramarinos y coloniales. No tenían nombre comercial, todos eran, comercio de… casa de… hasta que llegó el avance en forma de profecía de lo que sería una mediana o gran superficie: “Mantequerías Extremeñas” y “Autoservicio Serrano”. Luego “El Híper Florida, “Supermercados Gragera” y las “Hermanas López”. Y luego…

 

Crónicas de un Pueblo • Términos de usoPolítica de PrivacidadMapa del sitio
© 2017 • Todos los derechos reservados.