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Redacción
Última actualización Martes, 10 enero 2017 13:10
Sábado, 13 febrero 2016

Rosa María Pinilla Martín, maestra

La señorita Rosi lleva toda una vida dedicada a la docencia impartiendo clases a todas las edades, desde niños a adultos. Su primer destino fue la Nava de Santiago en 1975, seguido de un periplo de colegios, hasta que en el 80 llega a Montijo y, tras recorrer todos los centros públicos se queda en el Príncipe de Asturias, hasta su jubilación en enero. Maestra, madre y también, política, entre otras facetas. Ocho años ejerciendo de concejala en la oposición, primero por el SIEX y después por el PSOE. Actualmente, en su retiro, despliega su simpatía dicharachera entre sus familiares y amigos.

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¿Puede presentarse?
Diego y Pepa eran mis padres. Diego era empresario cinematográfico en Lobón, de donde era mi madre.  Con él llegó el cine sonoro al pueblo; éste también funcionaba como teatro. Él nació en Puebla de la Calzada. Mi madre era una gran aficionada al piano, quizás en ésta época hubiera sido su profesión. De mis dos hermanos sólo vive una hermana, María José. Estoy casada con Hipólito y tengo tres hijos: Fernando, Rosa y Jesús; y tres nietos: Andrea, Gabriel y Darío.
 
¿Dónde cursa sus primeros estudios?  
Hasta los siete años en Lobón, y luego en Badajoz.

 

¿Sus recuerdos de infancia?
Mi infancia la pasé en Lobón, donde fui una niña totalmente feliz. Aún conservo amigos de aquella época. Entonces no existía la posibilidad de estudiar en los pueblos, y nos trasladamos a vivir a Badajoz. Tuve la suerte de tener unos padres y unos abuelos maravillosos, adelantados a su época, que sacrificaron su bienestar para proporcionarnos un futuro mejor. Estudié en el Colegio de las Josefinas el bachillerato completo, hasta 6º; también la reválida.
Las vacaciones las pasaba en Lobón, en la casa de mis abuelos. Ir al pueblo significaba libertad. Podías estar prácticamente todo el día en la calle jugando con los amigos: acudías a casa a la hora de comer, y para dormir.
Como no había piscina nos bañábamos en el río; eso sí, siempre acompañados de personas mayores.


¿Dónde estudia magisterio?
En la Escuela Normal de Magisterio de Badajoz.

¿Maestra o profesora?
Maestra, sin lugar a dudas. Mi primer destino como maestra fue en la Nava de Santiago, en el 75, aunque ya en el 74 estuve de interina en el instituto de Bachillerato Vegas Bajas de Montijo.

¿Cómo fueron sus primeros destinos?
Hasta que obtuve mi plaza definitiva en Montijo, mi vida profesional fue un auténtico peregrinaje: estuve en La Codosera, en Mérida, Aceuchal, Valdecaballeros, La Garrovilla y Fuente del Maestre. También instalé un jardín de infancia en Montijo, el famoso Petete, durante algunos años en los que disfruté de una excedencia voluntaria.
En Montijo, curiosamente, he ejercido como maestra en todos los colegios públicos de la localidad, incluida el centro EPA (Educación de Adultos y Compensatoria).

 

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¿Cuándo llega a Montijo?
En 1980 me destinaron al colegio público Virgen de Barbaño, pero es en 1995 cuando consigo mi plaza definitiva en el CP Príncipe de Asturias, donde he ejercido felizmente hasta mi jubilación. Siempre he tenido unos compañeros maravillosos; ellos, junto con los padres y alumnos, han sido los responsables de que mi decisión de jubilarme haya sido tan pensada. Aprovecho para darles las gracias de todo corazón. El Príncipe, como así lo conocemos en el pueblo, lo consideraré siempre mi casa.

¿Ha pasado por muchos planes educativos?
Teniendo en cuenta los años que llevo en la docencia, he pasado por varios. Cada plan aporta aspectos positivos y también negativos. Los maestros y las maestras son los auténticos profesionales: preparan sus programaciones y se marcan unos objetivos para tratar de mejorarlos; logran así que la enseñanza funcione perfectamente, sean cuales sean los planes de estudios vigentes.

¿Se quedaría con alguno especialmente? ¿Cuál ha sido el más nefasto?
Ningún plan ha sido totalmente nefasto, aunque me quedo con la etapa de la EGB.


¿Cómo ha ido cambiando la enseñanza?
La enseñanza avanza como la sociedad, evolucionan juntas. Ahora existen nuevas tecnologías que ayudan y facilitan mucho el aprendizaje.
En mis primeros años como maestra, coincidiendo con la etapa de la transición, la escuela estaba mucho menos burocratizada. La maestra suponía un gran apoyo para el pueblo: lo mismo enseñaba lengua que matemáticas; igual montaba un teatro en la plaza del pueblo, que te servía de consejera y oficinista para ayudar a algunas familias; también preparaba el brasero, o llevaba su propia estufa de casa: las calefacciones brillaban por su ausencia. La escuela entonces era más cercana y entrañable.


¿La disciplina es imprescindible para llevar una clase?
 Por supuesto, pero no hay que confundir la disciplina con el autoritarismo. Se debe llegar al respeto mutuo sin cortar la libertad y la confianza. Éste ha sido mi lema y creo que me ha dado resultado. No olvidemos que estamos hablando de niños y niñas: lo más importante es que los recuerdos de la infancia sean felices; y la escuela es una parte importantísima de la infancia.

¿Cómo influyen los padres en la enseñanza?
Los padres son imprescindibles en la educación de sus hijos. Los niños que en casa ven cómo se valora positivamente al maestro y a la escuela, serán siempre alumnos ejemplares: esto no falla. Los maestros sólo ayudamos en la maravillosa tarea de educar a un hijo. Somos un complemento.

¿Si no hubiera sido maestra?
Psicóloga, mi gran asignatura pendiente.

¿Ha impartido todos los cursos?
Si, desde infantil hasta 8º cuando existía. También estuve durante siete años impartiendo clases en un proyecto de Adultos y Compensatoria, donde se compaginaban los estudios fundamentales con talleres profesionales; en mi caso metalurgia y electricidad. Primero, en Fuente del Maestre, en el 87, y en La Garrovilla, posteriormente, en el Padre Manjón de Montijo y en EPA. Esta etapa supuso una experiencia totalmente nueva y muy gratificante: ahora no trataba con niños, sino con padres y madres, incluso abuelos. Fue una época muy enriquecedora.

 

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¿Algún curso o etapa le ha marcado especialmente?
Todos han sido especiales para mí, sin distinción. No obstante, siempre se recuerda de una manera especial a tus primeros alumnos, en mi caso, de mi primer destino en La Nava de Santiago, aún recuerdo los nombres y apellidos de la mayoría de ellos. Esos primeros alumnos no se me olvidarán en la vida.

¿Cuál es su curso preferido?
Al igual que no hay hijos preferidos tampoco cursos preferidos. Por cercanía le puedo hablar del curso pasado, 6º: me llevo un gran recuerdo. Se hicieron mayores conmigo y pasaron al instituto.
En mis tres últimos meses como maestra, a pesar de ser tan poco tiempo para un curso nuevo, me han llenado de muestras de cariño.

¿Se tiene “preferidos” en una clase?
Rotundamente no.

¿Qué características comunes presentan los niños del Príncipe?
Las mismas que en el resto de colegios en los que he estado: son niños. Un niño es tan niño aquí, como en el resto del planeta; aunque a veces algunos adultos pretendan establecer diferencias entre ellos.

¿Qué destacaría de este colegio?
No me cansaría de destacar cosas buenas de este colegio. Hay mucho compañerismo y entrega; se ayuda a los más débiles y se les da ilusión por avanzar; se respira una gran armonía y se respeta a la comunidad escolar.

¿Qué cargos ha ocupado dentro del organigrama escolar?
Tutora. Tengo muchas anécdotas, pero voy a contar una graciosa: en 1996, siendo tutora de primero, mandé dibujar escenas prehistóricas. Al niño que le tocó pintar dos hombres asando un cordero, se negó a hacerlo, y me dijo textualmente: “¿dónde se ha visto a dos hombres metidos en una cocina?”...  Y por supuesto, no los pintó.

¿Cómo entra en política?
De manera casual: una persona que ejercía un alto cargo político confió en mi para ayudarle, y acepté. Tuve la experiencia previa de participar como presidenta de la Plataforma Ciudadana Prorotonda Merco. Una vez conseguido el objetivo, decidí continuar participando en la política.
Comencé de concejala por el SIEX en el año 2003, cuando salió reelegida alcaldesa Mercedes Molina.
Fueron cuatros años difíciles y turbulentos. Existían muchos movimientos ciudadanos y plataformas que reivindicaban derechos de interés para el pueblo; como la Plataforma contra la privatización de los servicios Municipales y la Plataforma por el Conservatorio de Música y Danza. Los plenos eran tensos: en ocasiones con concentraciones en la plaza de España que no finalizaban hasta que terminaba el mismo.
Tengo que reconocer que, tanto por parte del equipo de gobierno como por el de la oposición, se trabajó con la ilusión de mejorar, aunque la mayoría de las veces sin resultados positivos.
Los siguientes cuatro años soy de nuevo concejala, ésta vez por el PSOE, en el primer mandato de Alfonso Pantoja. Al finalizar esta legislatura decidí dejar la política.
Entre los recuerdos más agradables figura el haber casado a varias parejas de la localidad: les doy una vez más las gracias por haber contado conmigo.

¿Algún logro que le gustaría resaltar producido durante su etapa?
Como estuve en la oposición los ocho años, mi misión fue de control y no de ejecución. Lamenté mucho, entre otras cosas, que no se consiguiera la ampliación de suelo industrial, el gimnasio para los colegios e incrementar el número de plazas para la guardería pública.

¿Cómo definiría esa etapa política?
Una etapa difícil, pero a la vez gratificante, llena de nuevas experiencias.


¿Había más mujeres concejalas durante su etapa?
Prácticamente igual al número de hombres. Las listas se hacían de forma paritaria.

¿Volvería a presentarse si se lo propusieran?
Como no se ha dado esa circunstancia me reservo la opinión.

¿Por qué lo dejó?
Creo que ocho años ininterrumpidos son más que suficientes para cualquier cargo político.

¿Actualmente tiene alguna vinculación?
No, ninguna. Lo que no significa que no me preocupen los problemas de mi pueblo. Se puede luchar desde fuera. Considero que, como ciudadanos, estamos obligado a ello.

Importancia de su familia en su vida...
Para mí la familia lo es todo.

Háblenos de “La Opinión de las Vegas Bajas”...
Nació en diciembre de 1999. Era un medio de comunicación libre y plural. Fue una iniciativa de mi hijo Fernando. Hacía falta un medio local escrito donde se pudiera expresar libremente todo tipo de opiniones y creo que se consiguió. Me gustaría dar las gracias a todos los que colaboraron en el proyecto.

Se acaba de jubilar...
Me jubilé en enero, después de 39 años. Cuesta mucho dejar una labor que ha llenado tu vida y con la que te has sentido realizada; enseñar ha sido mi auténtica vocación.

¿A qué va a dedicar el tiempo libre?
Además de ejercer como abuela, cosa que me encanta, quiero viajar y disfrutar de todo aquello que no pude hacer por mi trabajo.

¿Amante de la lectura?
Sí, ahora estoy leyendo un libro que me han regalado los padres de mis alumnos: La guerra no tiene rostro de mujer, de Svetlana Alexievich.

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