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Antonio del Viejo
Última actualización 12:30
Miércoles, 4 enero 2017

Fin de la aventura. Gracias.

 

Llevo ya varias entregas pensando en el momento de escribir estas palabras que,dicho sea de paso, serán las últimas que salgan desde mi cada vez más defectuoso ordenador hasta las páginas de  Crónicas vía e-mail. Y no es que vaya a cambiar de teclado, claro; es que creo que es ya hora de poner fin a esta etapa de mi vida, y nada mejor que hacerlo ahora, a final de año. Así pues, la de diciembre de 2016 será mi última colaboración en este medio; son ya muchas las ocasiones en las que me cuesta encontrar un tema apropiado, muchas las que lo que falta es la inspiración, muchas las que el tiempo se me echa encima y demasiados los impedimentos que encuentro cada mes para llevar a cabo mi compromiso con vosotros en la manera que me gustaría y con la dedicación y el cariño que os merecéis. Por eso he decidido poner punto final a mi aventura periodística: una aventura en la que he intentado que a través de mis palabras, unas veces en clave de humor, otras dentro de la más absoluta seriedad, me conozcáis un poco mejor. He intentado compartir con vosotros aquello que me hace reír, lo que me indigna, enamora o entristece; todos esos aspectos de mi personalidad que de otra manera nunca habría mostrado.

 

Por ello debo daros las gracias a todos los que me habéis seguido, a los que tan solo ocasionalmente habéis leído mis palabras e incluso a los que lo hacéis hoy por primera y última vez. Me he sentido muy feliz de saber que estabais ahí, con la vista centrada en mis palabras, que, de alguna manera, hemos compartido esos minutos de vuestra vida; también cuando, en ocasiones, me habéis felicitado por alguno de mis escritos, o me habéís hecho saber que algunos sois de mi misma opinión en alguno de los temas que he tratado, o me instabais a hablar de algún asunto que os interesaba especialmente, aunque pocas veces os hiciese caso. A todos vosotros, mi más sincero agradecimiento.


Gracias también a todos los involuntarios protagonistas de mis historias semi-ficticias, y también a los de las reales, claro; sin ellos, no podríamos haber pasado todos esos buenos ratos juntos. Así que gracias a mamá, a Justina, Cristina (María), a mi equipo e incluso a Madroy, Wert y Joe “el Desbrozador”, entre otros, por servirme de inspiración.


Y, como no, muchísimas gracias a todo el personal de Crónicas de un Pueblo. A todos mis compañeros de tribuna (Vicente, Teodoro, Elisa, Pedro, Manolo, Lucas, Bartó y todos los demás), a Antonio y Ana por pensar que yo era válido para desempeñar mi papel en su papel, y por darnos a todos absoluta libertad para escribir de lo que queríamos en cada momento, de la manera en que queríamos hacerlo; y, sobre todo, a María y Verónica, las encargadas de la maquetación, por tener la paciencia de esperar mis colaboraciones hasta el último momento e incluso más.
Ha sido un verdadero placer. Muchas gracias.

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