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Elisa Martín Crespo
Última actualización Lunes, 26 diciembre 2016 19:20
Miércoles, 7 diciembre 2016

La escritora

Hace unos años tuve la suerte de conocer a la escritora chilena Isabel Allende, cuando presentó en nuestro país su novela “Inés del alma mía”. Para ello eligió la ciudad cacereña de Plasencia, cuna de Inés Suarez, quien vivió un amor apasionado con Pedro de Valdivia, fundador del reino chileno. Con esta historia, Allende hace un homenaje a las mujeres que participaron en la conquista de América y que quedaron silenciadas por la historia. Nos contó las luces y las sombras de aquella aventura, criticando sin tapujos las barbaridades que se cometieron en uno y otro bando, asegurando que estaba plenamente autorizada para hacerlo, ya que tiene sangre mapuche y española.


Participé, junto a otros periodistas, en la rueda de prensa que se celebró en el parador de la ciudad, donde la escritora se mostró extremadamente comunicativa y cercana, sin trampa ni cartón. Su personalidad  me conquistó, como antes lo había hechos sus libros.  Me pareció potente, segura, positiva, inteligente y con un gran sentido del humor. Nos contó anécdotas curiosas, con una maestría difícil de superar, mezclando su vida personal con la de su protagonista. Habló del amor, de la muerte, de las mujeres, de los hombres, de la realidad de la vida y de la magia que nos rodea. Nos tenía a todos con la boca abierta. Le acompañaba su marido, el norteamericano Willie, de quien se ha separado recientemente. Nos contó, con mucha guasa, que en general se comunicaban en inglés, a excepción de dos momentos: cuando se amaban y cuando reñían, porque en el amor y en la guerra no valen las traducciones.  


Hace poco, leyendo una entrevista suya, recordé todo esto y fui consciente de cómo han cambiado algunas cosas. Si hay algo que me sorprende de su obra, es la capacidad que tiene de abrirse a la posibilidad de que tenemos delante más de lo que percibimos a simple vista. Lo normal es que nos enfoquemos a dos o tres puntos que nos llaman la atención o que nos señalan desde fuera como lo más importante. Pero siempre hay más, mucho más. Ella lo ve y por eso el mundo que nos cuenta es mucho más espacioso. Lo que ahora noto que ha cambiado es que ese punto de mira,  en lugar de ampliarse, me da la impresión de que se está estrechando. Por la rapidez, por la sobreinformación, por la saturación de estímulos que tenemos, por la cultura de usar y tirar, por las exigencias externas,  por la tiranía de las redes sociales, porque todo pasa de moda casi a la vez que nace... Mi propuesta es que recuperemos ese espíritu curioso y conquistador de Isabel Allende y de Inés Suarez para descubrir lo que normalmente no vemos y quedarnos ahí parados un rato. No estaría mal, de vez en cuando, salir de este camino teledirigido en el que estamos cayendo, para preguntarnos qué nos está pasando en realidad. Aunque sea por simple curiosidad.

 

Elisa Martín. Periodista y coach

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