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Ana María Moreno Vaquera
Última actualización 19:54
Lunes, 5 diciembre 2016

Julio Gallego Codes, escritor y psicopedagogo

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[Img #64996]Este maestro nacional, natural de Montijo, recala en Madrid para compaginar su magisterio con la ampliación de estudios de Pedagogía, en la Complutense, para cumplir sus sueños.
A principios de los ochenta, elabora libros de textos y guías didácticas para profesores. Tras su paso por la UNED obtiene los títulos de Psicopedagogía y Orientación Escolar para ayudar a padres y profesores en la educación y en las dificultades de aprendizaje. Más de 90 artículos en revistas complementan su contribución a la pedagogía y a la educación.
También se incorpora al Departamento de Orientación del colegio Retamar de Pozuelo de Alarcón, donde se jubila.

 

¿Puede presentarse?
Mi padre  Daniel, nació en Guareña, y mi madre Fernanda, montijana de pies a cabeza y ahora, los dos en el cielo. Tanto mi hermana como yo, nacimos en Montijo y ahí fue nuestra infancia, adolescencia y primeros años de juventud. Actualmente vivo en Galapagar, un precioso pueblo de la sierra madrileña junto con mis hijos, nietos y un montón de sobrinos.

 

Estudios y primeros colegios...
Estudié Primaria en el colegio que los franciscanos tenían en San Antonio. Allí  en su iglesia, recibí la Primera Comunión, junto con   otros montijanos y después de los años de la correspondiente preparación. Finalizado el bachillerato, me matriculé en la Escuela Normal de Magisterio de Badajoz. Al finalizar estos estudios, comencé enseguida la preparación para la oposición a Maestro Nacional. Obtenida la plaza, comencé a ejercer en diversos pueblos de la provincia: Tamurejo, Villagarcía de la Torre y Puebla de la Calzada.

 

¿Cómo vivió su infancia?
Mi infancia transcurrió mayormente en la calle Mérida. Allí nací y mis primeros amigos fueron los muchachos de la misma calle en la que jugamos al fútbol, a la picota... y hacíamos las travesuras propias de la edad. Una infancia estupenda, especialmente porque mis padres siempre estuvieron muy pendientes de orientarme, aconsejarme y reconducirme bastante bien. Desde que tomé conciencia de lo mucho que influyeron en mi vida, no dejo de agradecérselo.

 

Licenciado en Psicología y Pedagogía, Psicopedagogo y Orientador Escolar...
Inmediatamente que terminé la oposición que antes comenté, mi deseo era continuar estudiando. En aquellos años de Villagarcía y Puebla de la Calzada hice viajes de algunos días a Sevilla y Madrid, para contemplar la posibilidad de matricularme en Filosofía y Letras o de trasladarme a vivir en una de esas ciudades para poder continuar estudios. Llegué  a dar clases durante un mes en la Institución La Paloma de Madrid, aceptando una interinidad. Y meses después, me presenté a unas pruebas en el Colegio Retamar de Pozuelo de Alarcón (Madrid). Me aceptaron y ya allí pude comenzar la carrera que deseaba, alternando trabajo en horario de día y estudios en la Facultad en horario de tarde-noche, en la Complutense. Mi idea era hacer Filosofía y Letras, sección de Pedagogía. Y eso fue lo que hice.

 

¿Qué le motivó a elegir esta rama?
Como se puede entender, los estudios de Pedagogía tienen mucho en común con lo que anteriormente había estudiado y con la profesión docente que ya llevaba cinco años ejerciendo. Además, en aquellos años en los que no disponía cerca de los pueblos en los que trabajaba de una Facultad de Pedagogía, leía bastante, especialmente libros que tenían una relación muy directa con la educación. Por eso, cuando al fin puede comenzar esos estudios, en gran parte se cumplía lo que llevaba años deseando.

 

¿Qué recuerdos rescataría?
Mis años de universidad fueron una gozada.  Aunque el horario no era muy bueno. Allí hice muchos amigos y estimé el trabajo agotador de varios profesores.

 

¿Algún referente entre sus profesores?
Aún recuerdo con gran fidelidad las magistrales clases de Bug Jimeno, de Pacios y del inolvidable profesor de estadística, que de 7.30 a 8.30 de la tarde, nos llenaba la pizarra  dos o tres veces con fórmulas estadísticas. Yo creo que en cada clase que nos daba debía perder dos o tres kilos. Y nosotros terminábamos con un gran dolor en dedos y manos después de los apuntes tomados a gran velocidad. Había que anotar aquellas fórmulas antes que el “profe” borrase la pizarra para continuar con otras.

 

¿Cuándo empieza a escribir?
[Img #64997]Mi contribución a la pedagogía y a la educación, ha comprendido dos etapas. La primera, a principios los ochenta del pasado siglo, elaboré libros de textos y guías didácticas para profesores. Después tuve un parón de unos diez años. Esta detención se debió a que mi vida profesional, sin dejar del todo la docencia, sí que el tiempo dedicado a ella iba a disminuir notablemente. Había decidido dedicarme más intensamente a la Orientación, y para ello, necesité unos años, no muchos, a prepararme lo mejor posible. En la UNED pude obtener la diplomatura en Psicopedagogía y Orientación Escolar.  La razón que puedo dar es que llevaba años comprobando que había cantidad de padres de familias y de chicos a los que había que ayudar ante sus dificultades de aprendizaje y conductuales. Este periodo de mi vida culminó incorporándome al Departamento de Orientación del colegio en el que he permanecido hasta hace un año, porque como a  todo individuo, el año de la jubilación es cierto que llega.
El segundo periodo de publicaciones comenzó en los noventa. Primero con artículos en revistas, como “La escuela en acción” en los que cada mes definía y explicaba las causas de diversas situaciones que afectaban a los chicos: la dislexia, la hiperactividad, la inmadurez, la anoréxia, el niño difícil, la histeria, etc., Poco después, y ya con una idea de ayuda y  orientación para padres y profesores  en 1997, apareció el primer libro dentro de esta nueva etapa de mi vida: Las estrategias cognitivas en el aula. Publicado por la editorial Escuela Española. Después vinieron dos más, dedicados especialmente para profesores: Enseñar a pensar en la escuela y Enseñar con estrategias. Ambos publicados por Pirámide.  Pero enseguida comprendí que los protagonistas principales de la educación son los padres, luego tenía que escribir también para ellos, y así aparecieron Los estudios de los hijos, Educar en la adolescencia, Soy estudiante y recientemente En busca de la excelencia.

 

¿Para ejercer de maestro es conveniente tener su formación académica?
Por supuestos que es muy necesaria. Además de poseer el dominio de la cultura de siglos pasados y de la actual, es preciso conocer con la mayor perfección posible nociones básicas de psicología, qué es eso del temperamento y el carácter, las etapas de del desarrollo infantil, el desarrollo del lenguaje, la afectividad, las leyes fundamentales del aprendizaje, etc. Son  un conjunto de materias y ciencias que hay que dominar para conocer bien al niño. En una ocasión le preguntaron a un estudiante de Magisterio que para enseñar lengua castellana qué era más importante, dominar la lingúística o conocer al niño/a que se puede llamar Juan o Ana. Evidentemente la respuesta correcta es conocer al niño. Esto es fundamental.

 

¿Con qué objetivo escribe?
España se encuentra actualmente entre los países más permisivos de Europa y tal vez del mundo. En un ambiente así, la educación es extraordinariamente difícil. Mi propósito es ayudar a padres y profesores a que puedan proporcionar una excelente educación. Este es además el objetivo de mi última publicación.
Ahí propongo un itinerario, exigente y asequible, para que las familias y los centros educativos se pongan en camino para lograr la excelencia de los hijos y los alumnos. Esto supone dar ese salto de lo ordinario y lo mediocre a lo superior, sacando el máximo partido a los recursos disponibles. Este libro es un auténtico manual práctico para buscar la excelencia de los chicos y chicas en edad escolar, en esa etapa en la que se ponen los cimientos de la personalidad.

 

¿Se atreverá con novela?
De momento no. Tengo una idea: chico y chica se conocen en la Segunda Guerra Mundial y colaboran en su país para lograr la paz y atender a los más perjudicados por la gran guerra. Pero por el momento es sólo una idea. Necesito tiempo.

Fracaso escolar y leyes educativas...
Hay que hacer un gran baúl. Poner  allí las ideologías que tanto han perturbado la enseñanza, el aprendizaje y  la educación en los últimos decenios y cerrarlo con siete llaves. Y libres, que es estar en la verdad, es decir, en lo real, conseguir un plan educativo con generosidad, pero sobre todo con  un profundo conocimiento científico de qué es el niño, el adolescente y el joven. Desde esa perspectiva y estimulando a los padres a que se involucren plenamente  en la   educación de sus hijos,  sí se puede conseguir paliar el alto fracaso escolar.

 

¿Cómo se aprende a estudiar?
Desde luego estudiando. Si le preguntásemos a cien buenos  estudiantes que  nos explicasen, el método que siguen, casi con toda seguridad nos encontraríamos con cien métodos distintos, con algunos aspectos o técnicas comunes, pero desde luego distintos. Porque estudiar es algo personal y cada uno consigue sus propias estrategias. Pero por concretar más esta idea, soy partidario de algo muy sencillo.  Detectar la idea principal de una pregunta. Anotarla. Con todas las obtenidas, construir el esquema o resumen de la lección. En el fondo, la tarea principal es enseñar a que sepan extraer información correcta y sustancial de un texto.
El aprendizaje es la actividad que probablemente más contribuye al desarrollo del cerebro, que por otra parte es el órgano más importante del cuerpo. Pero al aprendizaje hay dedicarle tiempo y esfuerzo.

 

¿Se ha perdido la cultura del esfuerzo?
El famoso guitarrista clásico español, Andrés Segovia, decía en una entrevista que había escrito sus memorias para enseñar  a la juventud lo importante que es el esfuerzo. Me uno a esa misma idea. Me impresionó ver el pentagrama de la Quinta Sinfonía de Beethoven, con retoques, notas tachadas o cambiadas por otras nuevas. Todo un ejercicio de trabajo y de búsqueda perseverante de completar una gran obra. Todo gracias al esfuerzo del gran músico.

Otras generaciones teníamos asumido que Estudiar era un trabajo, ¿se ha perdido este concepto?
Hay que comunicar y hacer ver a padres y estudiantes que estudiar exige renuncias y sacrificios. Saber de algo será siempre una conquista, que se alcanza con  esfuerzo y abnegación.

 

¿Hay que premiar al alumno?
Más que premiar, yo diría que hay que motivar. Los estímulos son necesarios en la vida de todas las personas, de los estudiantes también. En un curso propuse a mis alumnos que escribiesen su primera novela. Les pedí  que se comprasen un cuaderno que solamente utilizarían para la novela y les di unas sencillas instrucciones e ideas. Y comenzaron todos a escribir. A los pocos días, leí al final de uno de los capítulos de la novela de un alumno la frase siguiente: “Este cuaderno me interesa mucho y lo veré con frecuencia”, y firmaba su padre. Eso es motivar.

 

¿Los padres deben estar haciendo siempre los deberes con los hijos?
Depende de la edad de los chicos. En los primeros años de la infancia, puede ser necesario y muy conveniente. Y luego y siempre, hay que motivar y controlar. Los padres deben saber siempre  cómo van los estudios de sus hijos. Su  relación con  el centro educativo tiene que ser continua. Recomiendo el siguiente blog: www.excelenciaenlaeducacion.blogspot.com

 

Los deberes extraescolares han provocado una gran polémica en asociaciones de padres, ¿hay que suprimirlos?
Los deberes escolares tienen una doble finalidad. Una, volver a ejercitar lo que los alumnos aprendieron en su colegio o instituto para consolidar ese aprendizaje, Dos, aprender y adquirir el hábito de saber trabajar autónomamente.

 

“Los niños tienen que venir educados de casa” es una máxima que propugnan algunos docentes, ¿qué opina?
Pienso, tal vez lo he dicho ya, que los responsables de la educación de los chicos son sus padres. El centro educativo es una ayuda y apoyo para los padres y por eso debe impartir la educación de acuerdo con las convicciones de los padres. Hacer otra cosa es manipular.

Existe una generación que no ha aprendido a leer ni a comprender bien y se les exige un sinfín de materias a estudiar: dos idiomas, música... ¿son demasiadas asignaturas?
Es probable que sí sean demasiadas las materias a trabajar y estudiar, especialmente en Secundaria, mientras los estudiantes están además acompañados del paso por la adolescencia, que les puede complicar algo más el aprendizaje.

 

Muchos se quedan en el camino  ¿por falta de ayuda o desmotivación?
Sí, y de poco esfuerzo y falta de educación de la voluntad.

 

¿Clases particulares?
No soy partidario.

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