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Última actualización 19:23
Viernes, 4 noviembre 2016

Tolerancia y respeto

Según afirma Kodama, su mujer, Borges soñaba con que un día el mundo se pareciera a su admirada Ginebra con su mezcla de tolerancia y respeto. Por eso eligió pasar allí sus últimos días. Sin embargo, a pesar de los deseos del admirado escritor argentino, el mundo no parece discurrir por ese camino.
En EE.UU. un ridículo personaje hace apología del machismo más cutre y radical y se decida a insultar a todo bicho viviente. Y aun así aspira a ser presidente del país más poderoso del mundo con el apoyo de millones de conciudadanos. En Europa, no sólo en Inglaterra, nos estamos acostumbrando a un matonismo insensato, con asaltos, normalmente esquivos y cobardes, por hablar idiomas distintos, por tener distinto color de piel o simplemente por ser diferentes, o pobres, o mujeres.


Todo ello con la máxima difusión en los medios de comunicación y de las redes sociales. De forma que estamos informados al segundo de estas atrocidades y, además, las chateamos, twiteamos, ponemos en Facebook y whasappeamos para asegurarnos de que todo el mundo las oiga y vea cientos de veces en un solo día.
La intolerancia y la falta de respeto son promovidas por las televisiones, en las que el espectáculo se fundamenta en relaciones personales y sociales tumultuosas, traiciones, engaños, mentiras e indignidades, convertidas en medio de subsistencia. Y la política española, lo que algunos llaman la nueva política, sigue la moda. El debate y la confrontación ideológica se han sustituido por los scratches, las concentraciones mediáticas, las exhibiciones en el parlamento y los eslóganes repetidos una y otra vez en las redes sociales, en las webs y en los medios. Pero, además, sobre todo este bombardeo que nos impide pensar, se está produciendo aquello que Borges temía, la intolerancia y la falta de respeto se imponen como norma de conducta e impiden que algunos partidos políticos consideren siquiera acordar en qué consiste el bien común.


La irrupción esperanzadora de los nuevos partidos políticos, uno de cuyos presupuestos era la necesidad de dialogar y de acordar, ha sido sustituida por el dogmatismo y el acoso. Se impone la necesidad de sustituir, de aniquilar, de erradicar organizaciones que hasta ahora han venido prestando un buen servicio a España y a los españoles. Y todo realizado con precisión de cirujanos, con procedimientos basadas en la ciencia y realizados por sociólogos, expertos en ciencias políticas, en demoscopia o en comunicación. Estamos indefensos.
Y si por lo menos, nos dijeran a dónde van la cosa no sería tan grave. Pero lo que sabemos hasta ahora es que cambian de programa en cada proceso electoral, que asesoran a gobiernos como el de Venezuela, y que no tienen una idea clara de la unidad de España, ni de nuestra pertenencia a la Unión Europea. Casi nada.

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